Taras Grigorevich Shevchenko

Nació el 10 de marzo de 1814 en la localidad de Morynci (Kiev), y murió el 11 del mismo mes de 1861 en San Petersburgo. Es el más ilus­tre de los poetas ucranianos. Siervo de la gleba y muy pronto huérfano, durante su infancia sólo conoció la miseria, los malos tratos y las injusticias. El sacristán del pue­blo enseñóle a leer y escribir. A los trece años dedicábase a apacentar los rebaños de los campesinos; más tarde fue criado de un tal Engelhardt, de origen germano polaco. Por aquel entonces se había manifestado ya en Shevchenko la inclinación a la pintura, por lo cual su amo resolvió hacerle estudiar para emplearlo después como decorador. Y así, llevóle a San Petersburgo, donde el joven conoció a algunos eminentes compatriotas que le presentaron al célebre pintor ruso Briulov, del cual llegó a ser más tarde el discípulo predilecto.

Tales amigos emanci­paron a Shevchenko mediante el pago de una crecida suma a su dueño. El 5 de mayo de 1838 se convirtió en hombre libre; aquel mismo año sintióse poeta: sus primeras composiciones líricas son, precisamente, de 1838. Empezó entonces el período áureo de su existencia; frecuentó la universidad, estudió en la Academia de Bellas Artes, y tuvo muchos amigos y admiradores. En 1840 apareció impresa su primera colección poética, Kobzar (v.), y en 1841 fue publicado el poema Hajdamaki (v.). Ambas obras mostraban ya con evidencia los elementos fundamentales del arte del autor: la incomparable melodía del verso, la claridad magistral de la expresión, un elevado contenido ideoló­gico y, sobre todo, un apasionado amor a la patria. Terminados brillantemente los estudios en la Academia de Bellas Artes (1845), volvió a Ucrania, donde fue acogido triunfalmente y convirtióse pronto en cen­tro de la vida nacional.

Acusado de ideas subversivas, fue detenido en 1847 y enviado en calidad de simple soldado (sometido a ocho horas diarias de ejercicios militares) a Orenburg, y luego junto al mar Caspio, con la prohibición de escribir o pintar; a pesar de ello, empero, siguió componiendo poesías, que escondía en las botas. Luego de muchos e infructuosos intentos, sus ami­gos le obtuvieron el perdón en 1857; y así, tras diez años de martirio, regresó a San Petersburgo. Aun cuando anhelara estable­cerse en Ucrania, se hallaba ya agotado por los sufrimientos, y su corazón no pudo resistir más tiempo. Los restos mortales del autor recibieron sepultura en su tierra natal. Todos los aniversarios el gobierno zarista disponía sus tropas en torno a la tumba para contener la peregrinación popular. Ya desde las primeras manifestaciones literarias Shevchenko apareció como un gran poeta: «gigante de la poesía eslava meridional» le denominó el crítico ruso Skabichevski, «deidad que vive en su propio sol» el académico Korj, y «genio universal» el famoso científico sueco Jensen.

Entre sus obras más conocidas cabe mencionar las poesías Catalina (1840, v.) y Testamento (1845, v.), los poemas Iván Pidkova { 1839, v.), Tumba cavada (1843, v.), Sueño (1844, v.), Hamalija (1844 v.), Pri­sionero (1845, v.), Cáucaso (1845, v.), Neó­fitos (1857 v.) y María (1859, v.), la comedia Nazar Stodolja, algunos textos en prosa, entre ellos la narración Artista (v.), y un diario. Como pintor merece también ser re­cordado; algunos de sus cuadros figuran en importantes museos rusos.

M. Lipovetzka