Ssû-Ma Hsiang-Ju

(Apelativo honorífi­co, Chang Ch’ing). Nació en Ch’eng-tu (Ssûch’ üan) en 179 y murió en 117 a. de C. Procedía de una familia pobre; pero, aficionado a la música y a la poesía, se ganó el amor de la hija de un rico señor y, así, llegó también a la opulencia. Luego pretendió abandonar a la joven, pero ésta supo evitarlo mediante la composición de una poesía que conmovió a su esposo (la Canción de las cabezas ca­nas). Ssû-Ma Hsiang-Ju, pues, permaneció fiel a su mujer, y siguió dedicándose a la poesía. Llegada su fama a oídos del emperador Wu- ti (140-85 a. de C.), de la dinastía anterior de los Han (208 a. de C.-25 d. de C.), fue llamado a la corte por el soberano, quien le confirió un elevado cargo. El poeta se convirtió, entonces, en el «arbiter elegantiarum» de la sociedad contemporánea y en el mecenas del palacio, donde solía reunir a poetas y otros artistas. Acusado de corrup­ción y despedido a causa de ello, pronto, empero, recobró el favor de antaño. Es sin­gularmente célebre por su obra Chang Mên Fu (v.), que describe las penas de la infor­tunada emperatriz Ch’ên, relegada en el palacio Chang Mên por su esposo, quien, no obstante, una vez leído el poema le resti­tuyó el afecto.

En la corte compuso también los famosos nueve Himnos sacros dinásticos, siete de los cuales eran cantados por dos coros de jóvenes de ambos sexos en los sacrificios ofrecidos por el Imperio en ho­nor de Shang Ti («Señor de las alturas») y de los Wu-ti («Soberanos de las Cinco Regiones»), y siguieron siéndolo a través de los siglos en todas las ceremonias impe­riales similares; tales himnos, que figuran en el capítulo XXII de la Historia de los Han anteriores [Ch’ien Han Shu] de Pan Ku, se hallan evidentemente influidos por el espíritu taoísta, ya intenso en el pueblo y en muchas personas de las clases altas. Hijo de su época, Ssû-Ma Hsiang-Ju describe con un estilo solemne las costumbres y las ideas del mundo cortesano y literario, rasgos pe­culiares que, cristalizados en aquellos tiem­pos de sincretismo, habrían de persistir hasta la República del siglo XX.

B. Fedele