Sinclair Lewis

Nació el 7 de febrero de 1885 en Sauk Center (Minnesota) y murió en Roma el 10 de enero de 1951. El creador de Babbitt (v.) formóse en el ambiente provinciano y burgués cuyas costumbres e instituciones le dieron tema para sus libros. íntimamente vinculado a este mundo, denunció su evi­dente vacuidad. Con todo, luego de haber sido su más duro crítico satírico, se convir­tió en su ardiente defensor. Su padre era médico, y Lewis experimentó hacia los aspectos más elevados de la medicina un respeto casi religioso, que luego, junto a su desprecio molieresco por las manifestaciones menos nobles de la misma actividad, halló una expresión en Arrowsmith. Poseyó, además, una confianza ingenua en la «verdad cientí­fica»», y hubiera estado a su gusto en un laboratorio de investigación. Sin embargo, el gran amor de su infancia y de su juven­tud fue la literatura.

Durante la adolescen­cia apreció singularmente a Dickens, con cuyo aspecto caricaturesco había establecido ciertas y acusadas afinidades basadas en las tradiciones del humorismo popular norte­americano. En el Yale College, donde se dis­tinguió como estudiante, el modesto joven pelirrojo del Midwest dirigió una revista literaria, leyó a los poetas metafísicos ingle­ses y escribió poesías propias «de un román­tico medievalista de la especie más incura­ble» (según dijo luego él mismo). Después de viajes y aventuras de leve carácter bohe­mio, se ganó durante muchos años la vida como periodista, traductor y «negro» por cuenta de autores conocidos. Su carrera literaria inicióse con un libro para mucha­chos publicado en 1912, y prosiguió con cinco novelas más o menos tributarias de las convenciones del moderno realismo in­glés de un Bennet o de un Wells, en cuya obra se inspiró particularmente. Apareció luego Main Street (1920, v.), estudio «socio­lógico» de un pequeño centro del Midwest que dio al «realismo» norteamericano la mayoría de edad e hizo de Lewis el novelista más famoso de su época en Norteamérica.

En las novelas sucesivas se interesó por los tipos singularmente representativos de la civilización burguesa del Midwest, ya encar­nada por Gopher Prairie en Main Street; surgieron, así, el modesto hombre de nego­cios de Babbitt (1922, v.), el gran financiero de Dodswirth (1929, v.), la «mujer de carre­ra» en Ann Vickers (1933), el investigador científico en Arrowsmith (1925), el cura pícaro en Elmer Gantry (1927, v.), etc. En casi todas estas novelas la combinación de las facultades de un caricaturista, un satí­rico de la sociedad, un cronista y un bufón, aparecen puestas una y otra vez al servicio de una «tesis» (que no resiste, en general, un detenido examen) y de un drama senti­mental según el estilo burgués norteameri­cano. Sin embargo, en una de ellas, Babbitt, el retrato de un significativo personaje de Norteamérica ofrecido por Lewis debía asumir muy pronto la importancia de una figura «típica» de aquel ambiente, elevado, sin in­tención alguna por parte del autor, desde el campo sociológico al que podríamos llamar metafísico.

Babbitt es la única novela en la que los conflictos no resueltos y las confusiones del pensamiento de Lewis — el conflicto, por ejemplo, entre su pasión por el gran arte y la desconfianza o la turbación burguesas que experimentaba ante él — en­contraron desahogo (casi contra su misma voluntad) en una especie de turbio fantas­ma poético. En 1930 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Los últimos años de su vida fueron infelices, tanto desde el punto de vista personal como del literario.

S. Geist