Caudillo central de la independencia de Hispanoamérica, n. en Caracas (Venezuela) en 1773, murió en la hacienda de San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta (Colombia), en 1830.
De familia acomodada de origen español, perdió a su padre a los tres años de edad y a su madre a los nueve; fue discípulo de Simón Carreño Rodríguez y amigo y discípulo de Andrés Bello; marchó a España en 1799, donde se casó con María Teresa Rodríguez del Toro en mayo de 1802, y regresó a Caracas con su esposa en julio del mismo año.
Su maestro lo familiarizó con las doctrinas de Rousseau, y pronto el joven adinerado y un tanto ligero, que perdió a su esposa en enero de 1803, se convierte en él adalid de la lucha de su patria y de Hispanoamérica por la independencia.
Tuvo una visión continental del porvenir de América; y si el Libertador no pudo hacer triunfar sus ideas a este respecto, logró con su talento militar y con su esfuerzo derrotar a los españoles y estructurar la Gran Colombia, de vida efímera.
Convencido de la grandeza de su misión histórica y amargado por ingratitudes y desengaños, llega a considerar su fracaso paralelo a las gestas de Jesucristo y Don Quijote: con todo, ahí está la independencia de las naciones hispanoamericanas.
Su espíritu y las exigencias de la lucha lo impulsan a escribir manifiestos y proclamas, a pronunciar discursos, a redactar cartas de amor, a hacer crítica literaria del poema en su honor que escribió José Joaquín de Olmedo, a escribir artículos en El Correo del Orinoco.
Más de tres mil cartas (v. Cartas) y cerca de doscientos discursos, proclamas y manifiestos conocemos de él: y si no son siempre un modelo de corrección, de buen estilo o pureza idiomática, tienen, en cambio, el vigor que exigía la finalidad perseguida.
¿Interés literario? No se le puede regatear al autor de Mirada a América (v.), de la Carta de Jamaica, de la Constitución de Bolivia, del Manifiesto de Cartagena y de otras muchas páginas literariamente estimables.
Pero Bolívar, más que un escritor, es un espléndido tema literario, y naturalmente, político. Olmedo, Heredia, Montalvo, Martí, Unamuno, Rodó y otras muchas figuras literarias ilustres se han ocupado de él y de su obra.
J. Sapiña

