Sherwood Anderson

Nacido en Camden (Ohio) el 13 de septiembre de 1876, m. en Colón (Panamá) el 8 de marzo de 1941. Su madre era de origen italiano y su padre se complacía en narrar a su hijo fantásticos e imaginarios episodios de su vida que, se­gún confesión del propio Anderson, sirvieron para encaminarle más tarde por el camino de la narrativa.

La familia pasaba frecuentemen­te de una localidad a otra de Ohio, por lo que la educación del muchacho quedó inte­rrumpida a veces y no fue sistemática. A partir de los 14 años dejó de asistir a la es­cuela, excepto un breve período de estu­dios en el Wittenberg College.

Combatió en Cuba durante la guerra hispanoamericana y a su regreso se hizo administrador de una fábrica de barnices en Elyria (Ohio). Un día se marchó sin avisar a nadie y se dirigió a Chicago, donde vivió con su her­mano Karl y se empleó en una empresa publicitaria.

Había iniciado ya su colabora­ción en el Dial y en The Little Review; los escritores del «grupo de Chicago» — Floyd Dell, Cari Sandburg, Theodore Dreiser — ayudaron a Anderson a publicar sus primeros libros.

Winesburg, Ohio (1919, v.), una colección de insólitos cuentos realis­tas, le aseguró la fama, así como Risa negra (1925, v.), una novela mediocre, que fue su único éxito financiero. En sus obras se ocu­pó de modo extenso, aunque no exclusi­vamente, de cuestiones sexuales.

Ello le valió el algo inmerecido renombre de autor escabroso. En realidad, parece haber sido él el primer escritor americano de los tiempos de Whitman que afrontó con com­prensión humana el tema de la sexuali­dad y de sus consecuencias en los adoles­centes.

En 1921 ganó el premio literario del Dial, e inmediatamente marchó a Europa y después a Nueva Orleáns, donde vivió durante algún tiempo con William Faulkner, y de allí a Nueva York, donde parti­cipó en el movimiento literario y social re­presentado por New Masses, The Seven Arts, The Nation y The New Republic, junto con Van Wiyck Brooks, H. L. Mencken, Waldo Frank y otros.

Su estilo es sencillo, ex­presa sentimientos confusos y la rebelión contra el conformismo social; pero se le ve lleno de ternura por los personajes des­critos, que parecen extraviados en la vio­lencia de la industrialización americana. Empleó los últimos años de su vida, a par­tir de 1924, en dirigir dos diarios de Marión (Virginia); se casó cuatro veces.

Sus obras comprenden El hijo de Windy McPherson [Windy McPhersorís Son, 1916]; Pobre blanco [Poor White, 1920]; El triunfo del huevo [The Triumph of the Egg, 1921], y una autobiografía en tres volúmenes. Expresó en una ocasión su punto de vista sobre la misión del escritor del siguiente modo; «El narrador debe ocuparse de la vida, de la vida en su tiempo, de la vida como la sien­te, como la huele, como la saborea. No le corresponde ciertamente a él hacer la revo­lución».

L. R. Lind