San Máximo de Turín

Es el primer obispo de Turín de nombre conocido; a excepción de este detalle y de su obra catequístico-homilética, nada más se sabe acerca de él con certeza. A los escasos datos referentes a su actividad apostólica, de acuerdo con los cuales su episcopado habría de situarse entre los años 380 y 423, se añaden otros referentes a un personaje homónimo, también obispo de Turín, que parece haber participado en 451 en un con­cilio milanés y subscrito en primer lugar, después del papa Hilario, los documentos de otro concilio romano en 465.

Quienes tratan de armonizar todos estos datos en el cuadro de una existencia única dicen que Máximo nació en los Alpes Héticos hacia 380- 385 y fue testigo presencial, en su juventud, del martirio de Alejandro y sus compañe­ros, muertos en Anaunia (Trento) en 397. Sea como fuere, la figura moral de Máximo queda esbozada a través de su obra como la de un pastor generoso, activo y comple­tamente entregado a su pueblo, por el que se interesa con una constante solicitud y al cual protege de las influencias paganas todavía persistentes y conforta, como en ocasión del peligro de la invasión de los hunos, ante los riesgos y las calamidades. La misma extensión de los textos de Máximo conservados (v. Homilías), que están pi­diendo una atenta revisión crítica, atesti­gua la variedad y amplitud de sus preocu­paciones y su habilidad en dar a cualquier tema eficacia popular.

C. Falconi