San Mateo Evangelista

Es uno de los doce apóstoles de Jesucristo. Su nombre deriva probablemente de una forma com­puesta que significa «don del Señor»; se le llamó también Levi. Residía en Cafarnaúm, ciudad de una gran importancia co­mercial por estar situada en la gran vía recorrida por las caravanas en sus viajes entre Siria y Egipto, y, también, a causa de su proximidad a la frontera que separaba el territorio de Filipo del de Herodes An­tipas. Murió recaudaba los impuestos en nom­bre de este último, y, llamado al aposto­lado por Jesús, respondió con admirable prontitud a la exhortación del Maestro; y así, despidióse con un suntuoso banquete de sus amigos y de su vida pasada y siguió, pobre, los pasos y la doctrina de Jesucristo.

Parece haber vivido largos años en Antioquía, donde escribió su Evangelio (v.), que, por su destacado interés eclesiástico, permite vislumbrar la realidad de una comunidad ferviente y disciplinada, esencialmente judía en cuanto a su origen, pero alentada por un vivo ímpetu misional. Desconocemos el fin de Mateo. Aun cuando se cree que murió mártir, no existe de ello una seguridad com­pleta. Clemente Alejandrino aduce precisa­mente el ejemplo de este santo para demos­trar que es posible salvarse sin el martirio.