San Isidoro de Pelusio

Nació a fines del siglo IV en Alejandría y murió después de 434, probablemente hacia 449. Pariente, quizá, de Teófilo y Cirilo de Alejandría, recibió una cuidada formación clásica (parece haber sido sofista cuando joven). Sin embargo, muy pronto sintióse atraído por la vida mo­nástica, y, retirado a un cenobio cercano a Pelusio, desarrolló en él hasta su muerte, aun sin llegar a la dignidad abacial ni mo­verse nunca, seguramente, del mismo ce­nobio, una viva actividad de apologista, intérprete de las Escrituras y defensor de la fe. En 395 mantenía ya una relación epis­tolar con Rufino, ministro de Teodosio I.

Luego, su influencia alcanzó una amplitud cada vez mayor. De sus textos sólo conser­vamos las Epístolas (v.), que tratan temas diversos, pero sobre todo exegéticos y ascético-morales, y atestiguan el influjo social del monaquismo de Egipto y, asimismo, el personal del autor, quien, aunque egipcio, defendió la memoria de S. Juan Crisóstomo (v.) e intervino en las disputas nestorianas.

C. Falconi