San Apolinar Sidonio

Nació en Lyon entre los años 430 y 433, en el seno de una noble familia de magistrados, y murió en Clermont, probablemente hacia el 489. Fue una figura de primera categoría en la Galia del siglo V. Recibió la formación familiar y escolar, según la costumbre de la época, en Lyon y Arlés, la «Roma de las Galias», y se hizo notar por la ductilidad de su ta­lento y un gusto poético singular. En torno al 452 contrajo matrimonio con Papianila, hija de Avito, quien, ya prefecto de la Ga­lia en 439, había vuelto al primer plano en 451 al inducir a Teodorico a la unión de sus fuerzas y las de los francos y romanos contra Atila. A partir de tal boda, el des­tino de Sidonio hallóse estrechamente vinculado al de su suegro. Proclamado éste emperador en Arlés el 5 de agosto de 455, siguióle a Roma, y pronunció allí en su honor un pane­gírico en la fiesta de la inauguración con­sular de enero de 456, lo cual le valió un clamoroso éxito entre los romanos y la erección de una estatua en el Foro de Trajano.

Sin embargo, pronto en el ocaso la fortuna de Avito, Sidonio marchó de nuevo a Lyon, donde apoyó primeramente la elec­ción de un príncipe galo para la dignidad imperial; luego resistió allí a Mayor ano, proclamado emperador y obligado a redu­cir a la obediencia la Galia, y singular­mente Lyon, con la fuerza de las armas; finalmente, procuró obtener para esta ciu­dad la clemencia del soberano, en homenaje al cual pronunció (abril de 459) un pane­gírico revelador más bien de habilidad lite­raria y política que de verdadera lógica moral. Este último le valió el nombramien­to de conde, y permitió un nuevo floreci­miento de Lyon. Sin embargo, también Mayorano cayó (461), víctima de los celos de Ricimer; y así, Sidonio retiróse a sus propieda­des próximas a Clermont, donde se entregó a la educación de los hijos, a la adminis­tración de sus bienes y a los serenos goces de la amistad y la poesía.

Vio interrumpido su plácido retiro en 467, año en que fue enviado ante el emperador Antemio como representante de Auvernia y para fines que desconocemos. Ello, pues, le llevó otra vez a Roma, donde, obtenida nueva­mente y por afortunadas circunstancias la confianza del emperador con otro panegí­rico, llegó a prefecto del Senado, primeramente, y luego, de Roma. Terminado el año de la prefectura recibió el »título de patricio. Sin embargo, nuevas sediciones latentes le hicieron volver a la Galia, y, una vez en ella, fijó su residencia en Cler­mont. Allí se dedicó, junto con su cuñado Ecdicio, a remediar las miserables condi­ciones a las cuales el mal gobierno había llevado la provincia de Auvernia, y supo ganarse tales simpatía y confianza que, fa­llecido entre los años 470 y 472 el obispo de Clermont, fue nombrado sucesor suyo. La elevación de Sidonio al solio episcopal no fue debida, empero, a su fama de santidad; aunque hombre de fe, se había distinguido por otros méritos, como los de buen gober­nante y poeta.

Y así, en el ejercicio del episcopado, del cual sintióse indigno y su­frió, incluso físicamente, el peso, revelóse al mismo tiempo obispo y autoridad civil: defendió con todas sus fuerzas la libertad religiosa y política de la provincia y la ciudad, conoció, a causa de ello, el destie­rro, y, finalmente, procuró por todos los medios ablandar las condiciones de la de­rrota. Atacado por los arríanos, frente a los cuales defendió con éxito la fe de Clermont, sufrió amargamente. Allí terminó sus días víctima de la enfermedad. En los Poemas (v.) y, sobre todo, en los nueve libros de Epístolas (v.) dejó el testimonio más vivo y real de su vida.

G. Lazzati