Salomé Ureña De Henríquez

Poe­tisa dominicana nació en la ciudad de Santo Domingo en 1850 y murió en 1897. Madre de Pedro y Max Henríquez Ureña. Era hija de un magistrado con aficiones poéticas y tuvo una intensa formación cultural desde su hogar. Dedicó su vida al magisterio, al hogar y a cantar a su patria en versos de inspiración neoclásica que impresionaron a Menéndez Pelayo (v. Poesías de Ureña). Se casó en 1880 con Francisco Henríquez Car­vajal, colaborador de Eugenio María de Hostos, y fundó a sus instancias el Instituto de Señoritas, que dirigió durante doce años y tuvo que cerrar por motivos de salud. Dice de ella el crítico dominicano Joaquín Balaguer: «Salomé Ureña fue quien primero tuvo en Santo Domingo el sentimiento de la gran poesía, de la única verdaderamente grande, porque lejos de recluirse en la intimidad de quien la escribe, para recoger sólo el eco de sus propias angustias, se levanta para dominar el espectáculo entero de la vida y tiende a hacerse intérprete de zonas más amplias y a la vez más fecundas de la sensibilidad humana».

Pese a los ge­nerales juicios en el sentido de preferir sus poesías patrióticas de elevación quintanesca, son las más estimables de su producción las que tienen relación con el paisaje domini­cano, como La llegada del invierno y Ana­caona; y junto a todas ellas están muy lejos de resultar inferiores las de sentido íntimo y personal, más delicadamente líricas, como Vespertina y Tristezas. Es decir, nos parece mejor su poesía a medida que se aleja de la preocupación filosófico-didáctica.

J. Sapiña