Luis G. Urbina

Poeta y crítico litera­rio mexicano nació en la ciudad de México en 1867 y murió en Madrid (España) en 1934. Des­empeñó un brillante papel en la evolución cultural de su país desde muy joven, como periodista, profesor y diplomático, pues diri­gió la Biblioteca Nacional, trabajó con Justo Sierra en la Secretaría de Instrucción Pú­blica y Bellas Artes, explicó Literatura en la Escuela Nacional Preparatoria, desempeñó funciones diplomáticas en Argentina, donde dio conferencias que fueron luego reunidas en volumen (La vida literaria en México, 1917), vivió durante diez años emigrado en Cuba y en España, donde su labor litera­ria siguió incansable, y dejó las muestras de su actividad en buen número de perió­dicos y revistas: Revista Azul, El Imparcial, El Mundo Ilustrado y otros muchos.

Uno de sus más brillantes trabajos lo representa su colaboración en la Antología del Cente­nario (1910), cuya introducción redactó. Urbina es un excelente prosista y crítico de gran ponderación y equilibrio, excelente obser­vador y hombre bueno, de más escepticismo que profundidad. Los títulos de sus obras en prosa nos dan una idea del conjunto, además de las ya citadas: Cuentos vividos y crónicas soñadas (1915), Bajo el sol y fren­te al mar (1916), Estampas de viaje (1919), Psiquis enferma (1922), Hombres y libros (1923) y Luces de España (1924). Pero no toda su prosa está recogida en volumen. Sin embargo, la fama de Urbina descansa en su poe­sía, que es la poesía de un posromántico entregado al modernismo. Triste, delicado, pesimista y erótico, el gran público lo re­cuerda por algunas de sus composiciones breves, como la Metamorfosis, que sigue re­citándose en reuniones literarias, y A una oda.

El pesimismo del poeta de los primeros tiempos, se convierte en intensa amargura en su madurez: Versos (1890), Ingenuas (1902), Puesta de Sol (1910), Lámparas de agonía (1914), El glosario de la vida vulgar (1916), El corazón juglar (1917), Los últi­mos pájaros (1924), El cancionero de la no­che serena, que pertenece a la etapa de 1925 a 1928 y fue publicado póstumamente en 1941 por la Universidad de México (v. Poesías de Urbina). Valenzuela Rodarte, ob­sesionado siempre por un exclusivismo religioso incompatible con la objetividad lite­raria, afirma que es «su tristeza la tristeza de México, desorientado, laicizado, olvidado de los caminos y beodo de interpretaciones racionales del universo», pero que su última poesía, La visita, no recogida en las impre­sas, «bella y serena, señala el término de la desorientación»; esta composición alude a su fe en Dios y a la próxima llegada de la muerte.

J. Sapiña