Rudolph von Gneist

Nació en Berlín el 13 de agosto de 1816, murió en la misma ciudad el 22 de julio de 1895. Inició muy pronto, hacia los veinte años, la carrera judicial, y en 1846 era consejero suplente del Tribu­nal Supremo. Al mismo tiempo había in­gresado en la carrera universitaria y en 1844 era nombrado profesor de Derecho en la Universidad de Berlín. Sus aficiones iban desde el estudio del derecho antiguo griego y romano, sobre los que publicó, en 1845, una importante obra, Los contratos formales (Die formellen Vertrage), hasta el del mo­derno derecho inglés y la vida pública fran­cesa e inglesa.

Gneist participó también de un modo activo en la vida política y adminis­trativa de su’ país; a partir de 1848 desem­peñó el cargo de consejero municipal de Berlín, y en 1858 fue elegido diputado por el partido liberal. En el Parlamento se sumó inmediatamente a los oponentes de Bismarck y advirtió solemnemente al canciller su deber de respetar la fe del pueblo alemán dentro de un inmutable y sólido orden ju­rídico y moral. Más adelante, sin embargo, no se opuso a las leyes restrictivas dictadas por Bismarck contra la socialdemocracia (primavera de 1875), por lo que quedó ais­lado dentro de su partido, que lo desauto­rizó. Entre 1886 y 1888 recibió el encargo de instruir al príncipe Guillermo sobre la estructura administrativa y la constitución de Alemania. Su intensa actividad pública ejerció un beneficioso influjo en el espíritu del heredero, como él mismo reconoció; aquella experiencia concreta, en efecto, for­re ida al servicio del Estado, en las1 grandes o en las pequeñas misiones, le habían per­mitido modificar muchas ideas que había recibido anteriormente de la tradición sin una suficiente crítica.

De sus obras recor­damos : El actual derecho constitucional y administrativo inglés [Das heutige englische Verfassungs- und Verwaltungsrecht, 1857-1863], Historia constitucional inglesa [En­glische Verfassungsgeschichte, 1822], El Par­lamento inglés [Das englische Parlament, 1866], El Estado jurídico (1871, v.), notable sobre todo esta última, que trata de esta­blecer una armonía superior entre las diferentes clases sociales mediante el común reconocimiento de las leyes, aplicadas severa pero justamente por el Estado.

F. Catalano