Romano Guardini

Nació en Verona el 17 de febrero de 1885. Creció y se educó en Alemania, donde su padre era cónsul de Italia en Maguncia, y recibió una formación cultural y filosófica netamente alemana, que asimiló, empero, con sensibilidad y claridad latinas. Tras los estudios universitarios de ciencias naturales y de economía inclinóse a los de carácter teológico luego de una intensa maduración religiosa, a la edad de veinte años. Sacerdote católico en 1910, se dedicó inicialmente al ministerio pastoral entre la juventud, y prosiguió al mismo tiempo los estudios de teología.

En 1915 de­fendió su tesis doctoral, La doctrina de la Redención en San Buenaventura [Die Erlósungslehre des hl. Bonaventuras], que le impuso a la atención de los eruditos. Su nombre empezó a lograr fama en los prime­ros años que siguieron a la guerra europea, y G. fue considerado uno de los guías inte­lectuales y espirituales más prestigiosos del catolicismo alemán y uno de los inspirado­res máximos de las corrientes de renovación religiosa del citado período, como, por ejemplo, el movimiento litúrgico y el de carácter juvenil denominado «Quickborn» (la fuente). A esta época se remontan algunos de sus textos pronto llegados a la celebridad y traducidos a diversas lenguas: El espíritu de la liturgia [Vom Geist der Liturgie], ori­ginal y profunda interpretación del valor educativo religioso de la liturgia católica; El sentido de la Iglesia [Vom Sinn der Kirche], en el cual trata el problema de la intervención de los seglares en la vida ecle­siástica; y muchos libros de formación es­piritual caracterizados por su estrecha rela­ción con la psicología del hombre moderno (entre ellos Los santos signos).

Al mismo tiempo continuó sus estudios de Filosofía religiosa, y fue, primeramente, profesor de Teología en Bonn, y luego, en 1923, catedrá­tico de «katholische Weltanschauung» («vi­sión católica del mundo») en la Universidad de Berlín; esta cátedra era la única de ca­rácter católico existente en un centro uni­versitario dominado por los más ilustres eruditos protestantes alemanes. Por la ori­ginalidad y la profundidad de sus enseñan­zas G. logró atraer hacia sí la atención de los seguidores de ambas confesiones cris­tianas, y ello incluso fuera de la Universi­dad. En 1939 viose privado de la cátedra por los nazis, quienes no podían tolerar la in­fluencia educativa de su cristianismo en la juventud. Y así, el teólogo continuó su ac­tuación ya mediante una especie de centro universitario de carácter popular, o bien a través de los textos. En 1945 se le ofreció una cátedra de filosofía religiosa en Tubinga, donde sigue enseñando aún.

Abundante y muy variada resulta la producción litera­ria de G.; entre sus obras cabe citar: El contraste: esbozo de una filosofía de la vida concreta [Der Gegensatz: Versuch einer Phi­losophie des lebendigen Konkreten, 1925], y Discernimiento de la realidad cristiana [Unterscheidung des Christlichen, 1935], Una conciencia cristiana [Christliches Be­wusstsein, 1934], La conversión de S. Agus­tín [Die Bekehrung des hl. Augustinus, 1937], La muerte de Sócrates [Der Tod von Sokrates], El hombre y la fe [Der Mensch un der Glaube, 1935], El mundo y el hom­bre [Welt und Person], El Señor [Der Herr], La figura de Cristo en el Nuevo Testamento [Das Bild Jesu im NT] y La esencia del cristianismo [Das Wesen des Christentums], Cartas del lago de Como [Die Briefe aus Comer See]. G. es, indudablemente, uno de los autores más significativos y leídos del catolicismo contemporáneo; en cuanto a cultura, sensibilidad, comprensión de todos los valores humanos y sincera profundidad religiosa aparece al frente de los pensadores católicos interesados en el establecimiento de un nuevo humanismo cristiano.

C. Colombo