Ricarda Huch

(Seudónimo, Richard Huge). Nació en Brunswick el 18 de julio de 1864 y murió el 17 de octubre de 1947 en Schónberg del Taunus, cerca de Francfort. Fue her­mana de Rudolf Huch, y estudió en Zurich, donde se graduó en Filosofía. Empezó a actuar como bibliotecaria, y luego trabajó en Bremen como profesora en un colegio femenino de segunda enseñanza. En Viena conoció’ al dentista italiano Ermanno Ceconi, con el cual se casó y se estableció en Trieste. El ambiente de la ciudad adriática, y sobre todo la vida de los barrios más po­bres, le sugirieron una novela de matices realistas: El camino del triunfo (1901, v.). Separada de su marido, unióse a su primo Richard Huch, notable jurista; sin embar­go, se alejó también de éste y pasó a vivir con la hija de su primer esposo en varios lugares: Munich, Brunswick, Heidelberg, Friburgo e Italia. En 1933, cuando la «Preussische Akademie der Kunst» adhi­rióse al nacionalsocialismo, abandonóle con un valeroso intercambio de corresponden­cia, publicado en 1949. Como novelista re­vela en sus mejores obras las influencias de C. F. Meyer y de Keller.

Interesóse por el romanticismo alemán, sobre todo en su juventud, y compuso acerca de él dos tex­tos críticos originales que obtuvieron un gran éxito: La primavera del romanticismo [Blütezeit der Romantik, 1899] y Difusión y ocaso del romanticismo [Ausbreitung und Verfall der Romantik, 1902]. Las experiencias de Italia —hombres, paisaje e histo­ria— y la ilusión de ofrecer un cuadro ideal de una época la indujeron a escribir diversas obras acerca del «Risorgimento» italiano y sus personajes más representativos (Historias de Garibaldi [v.], La vida del conde Federico Confalonieri). Sus no­velas abarcan los géneros más diversos, in­cluso el policíaco (Der Fall Deruga). Su interés por los hechos históricos le sugirió varias obras de tema alemán, entre ellas La gran guerra en Alemania (v.). Algunas delicadas notas autobiográficas — Recuerdos de juventud [Jugenderinnerungen] — y un tomito de poesías (v. Poesías) constituyen, posiblemente, las páginas más perdurables de esta escritora.

G. V. Amoretti