Nació en Cesena el 15 de diciembre de 1884 y murió en el Podgora el 20 de julio de 1915, durante una acción bélica. Estudió Letras en Bolonia, y se doctoró en 1904 con la tesis El estilo en los «Trionfi» de Francesco Petrarca (en cuanto a ésta y a los restantes citas, v. Escritos literarios). Manifestóse intensamente influido por Carducei. En 1907-08 siguió un curso de perfeccionamiento en el Instituto de Estudios Superiores de Florencia. En otoño de este último año se le confió la enseñanza del italiano en la Escuela Normal femenina de Cesena, donde en 1909 llegó a director de la importante Biblioteca Malatestiana, rica en incunables. Fiel siempre a su carácter independiente, procuró evitar las amistades que la admiración provocada por su escasa obra periodística le brindara, a veces con críticos como Benedetto Croce.
Colaboró, sin embargo, en el Giornale storico della letteratura italiana (v.) y en La Voce (v.), así como en periódicos muy modestos, como II Cittadino de Cesena y La Romagna de Forli. Discreto e independiente, muestra un rigor de erudito siempre abierto a las sugerencias de la sensibilidad y escrupuloso en la documentación histórico – filológica. Durante su vida vio la luz solamente uno de sus libros, Le lettere (1914), panorama de la cultura literaria contemporánea lleno de juicios exactos y divagaciones sugestivas.
Situado entre Carducci y Croce, sensible a las escuelas de ambos, pero no supeditado a ellas, próximo al impresionismo de Pascoli aunque molesto por las intemperancias de tal poesía, confidente más bien que amigo del núcleo de La Voce — del que admiraba la despreocupación intelectual y criticaba la superficialidad —, y muy amante de los poetas clásicos, Serra, con la amplitud de sus intereses y las contradicciones que la muerte prematura le impidió superar, es, tal vez, un inconsciente predecesor de las inquietudes y moralidades que unos treinta años después de su desaparición las corrientes neo-existencialistas habrían de discutir y proclamar más bien que resolver en principios de vida espiritual. Poco antes de su muerte, consciente de ella e inclinado alegremente a afrontarla como prueba de humanidad, había escrito el Examen de conciencia de un literato (v.).
F. Giannessi

