Ramón Muntaner

Cronista, militar y político catalán. Nació en Peralada (Alto Ampurdán) en 1265 y murió en la isla de Ibiza en 1336. Pertenecía a una familia noble, que había hospedado a Jaime el Conquista­dor y a Alfonso el Sabio, y que luego viose arruinada por las guerras con Francia; en 1285, su villa natal fue incendiada por los invasores, por lo que Muntaner fue a vivir a Va­lencia con su padre. Poco después de cum­plidos los veinte años, tomó parte en la conquista de Menorca (1286). No tenemos noticias de su vida hasta diez años más tarde, en que le encontramos en Sicilia luchando contra los franceses; en 1300 par­ticipa en el asedio de Mesina al lado de Roger de Flor. Con este caudillo, de cuya compañía es administrador, emprende la famosa expedición de catalanes y aragone­ses a Oriente; en tal empresa le correspon­den papeles importantes, tanto en el orden administrativo y político como en el militar. Redacta el tratado entre el emperador bi­zantino y los catalanes y defiende como capitán, con valor y prudencia, la ciudad de Galípoli del ataque de los genoveses.

Sigue a Roger de Flor y a sus almogávares en sus gestas por tierras de Anatolia y es el personaje experto de la compañía junto con nobles caballeros como Berenguer d’Entença y Bernat de Rocafort; Muntaner fue el hom­bre sereno que se mantuvo al margen de las disensiones producidas entre los catalanes después del asesinato de Roger de Flor. En 1307 se separa de la compañía y quiere regresar a Valencia, donde le espera su prometida Valençona, mayorazga de Xilvella, pero el rey Federico de Sicilia le encarga la pacificación de Gerba y Quérquens, en el norte de África. Finalmente puede casarse en 1311 y tiene tres hijos, Macari, Martí y Catarina. Nombrado señor de Gerba, permanece un tiempo en esta posesión siciliana. En 1315 es encargado de la delicada misión de acompañar al infante Jaime, de poca edad y huérfano (futuro rey de Mallorca, llamado «el Desdichado»), de Catania a Perpiñán para dejarlo al cuidado de su abuela Esclarmonda de Foix. Estable­cido en Mallorca a partir de 1316, en 1325 es nombrado jurado de la ciudad; ya sexa­genario, retirado en su heredad de Xilvella, empieza a redactar la célebre Crónica (v.). En 1328 asiste a la coronación de Alfonso III el Benigno y al año siguiente lleva a sus hijos al servicio del rey de Mallorca, donde permanece como consejero de su antiguo protegido, que le concede el título de ca­ballero.

Murió en Ibiza a los setenta y un años de edad y fue enterrado en la capilla de San Macario de la iglesia de Santo Domingo. Su Crónica, que le convierte en uno de los máximos cronistas europeos de la Edad Media, abraza desde el nacimiento de Jaime el Conquistador (1208) hasta la co­ronación de Alfonso el Benigno (1328). Muntaner es un patriota apasionado que prodiga elogios hiperbólicos a los soberanos del «casal d’Aragó». Hace historia del reinado de Jaime I cual si hubiese sido testigo de este período. Al referirse al reinado de Pedro el Grande, sigue en muchos puntos la Crónica (v.) de Desclot, pero su entusiasmo patrió­tico resta objetividad a su relato. La parte dedicada al reinado de Alfonso II y a la conquista de Menorca contiene pasajes de fuerte vivacidad e interés. El reinado de Jaime II y la expedición a Oriente son narrados con un marcado carácter de auto­biografía; Muntaner tiene conciencia de ser un protagonista de este período y así lo hace constar con frecuencia. El tono personal se acentúa al referirse a la campaña de África y al viaje con el infante Jaime. En la última parte de la Crónica destaca el episo­dio de la coronación de Alfonso el Benigno. Muntaner siente el orgullo de la catalanidad y de la lengua.

Los valores literarios de la obra se muestran sobre todo en ciertas descrip­ciones de tono sencillo y familiar (escenas del saqueo de Peralada o presentación del infante Jaime a su abuela). Es también in­negable su gran valor geográfico, La Cró­nica de Muntaner fue continuada por Galcerán Marquet, que fue capitán en la expedición a Cerdeña en 1334.