Raffaele Garrucci

Nació en Nápoles el 23 de enero de 1812, murió en Roma el 6 de mayo de 1885. Ingresó en la Compañía de Jesús y se dedicó sobre todo a la investi­gación de la iconografía cristiana, así como a las de la topografía de camposantos. Aun­que iniciado en estas materias por el padre Marchi, fue de hecho un autodidacto.

De carácter resuelto e independiente, en un si­glo en el que los italianos se mostraban demasiado inclinados a aplaudir todas las novedades procedentes de más allá de los Alpes, soportaba mal lo que él llamaba «dictadura alemana» y fue combatido por esta razón por los eruditos alemanes contempo­ráneos suyos, los cuales no pudieron, sin embargo, dejar de reconocer sus méritos extraordinarios. El número de sus publica­ciones, que alcanza a ciento veinte, lo con­vierte en uno de los eruditos más activos de su época. Después de haber cuidado de la publicación, en 1855, de los Hagiolypta de Jean l’Heureux, de los que encontró una copia en París en casa del conde de l’Escalopier, y una vez dado a la imprenta en 1858 un documentado estudio sobre Vetri dorati omati di figure in oro trovati nei cimiteri cristiani primitivi di Roma, em­prendió la ejecución de una de las obras más considerables que hasta entonces ha­bían sido editadas.

Se trata de la edición in folio de la famosa Historia del arte cris­tiano en los primeros ocho siglos de la Iglesia (v.), que apareció en Prato entre 1873 y 1881 y que ilustran quinientas lámi­nas con más de dos mil monumentos artís­ticos. Además de haber publicado por orden de Pío IX, en dos volúmenes, los Monumenti del Museo Lateranense, G. se interesó tam­bién en las investigaciones en los cemente­rios: entre ellas, merecen recordarse la rela­tiva a la Catacumba hebrea bajo la Vigna Rondanini en Roma y la referente a la Catacumba de S. Jenaro en Nápoles. Entre sus estudios menores, es notable el apare­cido en 1856 con el título Un crocifisso graffito da mano pagana nella Casa dei Cesari nel Palatino, esgrafiado que fue descubierto por el propio G. y que se encuentra ahora en el Museo Nacional Romano.

G. Bovini