Posidonio de Apamea

Filósofo griego, de la llamada escuela estoica media. Nació en Apamea (Siria) en 135 a. de C. y murió en 51 en Rodas, donde se había establecido y había abierto su célebre escuela en el año 96; por eso se le conoce también por Posidonio de Rodas. En su juventud se había entregado a los ejercicios gimnásticos, hasta el punto de recibir el sobrenombre de «atleta»; des­pués marchó a Atenas, fue discípulo de Panecio, hizo largos viajes de estudio, incluso a Galia y a España, y dos veces estuvo en Roma. Su fama atraía a su escuela de Rodas a discípulos griegos y romanos: Cicerón, Varrón y Pompeyo, fueron repetidas veces a escucharlo y se mantuvieron siempre uni­dos a él por lazos de amistad.

La medita­ción filosófica, que le llevó a exponer en sus obras una concepción ecléctica del es­toicismo conciliado con el platonismo, se encuentra unida en él a la gran cantidad de aficiones culturales: Posidonio fue escritor de His­toria en una obra en 52 libros, continua­ción de Polibio (v. Historias), geógrafo (Del Océano), cultivador de la astronomía y me­teorología, matemático, estudioso de fenó­menos físicos y geológicos, etc.; en suma, una de las mentes más enciclopédicas del mundo antiguo. No ha llegado hasta nosotros ninguna de sus obras, quizá a causa de la redundancia estilística que no gustaba a finales del siglo I: poseemos escasos frag­mentos de ella por citas de otros autores, y desde hace un siglo se intenta recons­truir su pensamiento o, al menos, las líneas generales de la obra de Posidonio a través de la de escritores como Cicerón, Séneca, Plutarco, etcétera. Su filosofía es una reelaboración del estoicismo originario con un aliento místico que acaso pueda explicarse por el origen sirio de Posidonio y que le impulsa a buscar en Platón y en Aristóteles las doctrinas con predominio religioso: el Logos divino es el principio de la armonía universal, de aque­lla relación de acción recíproca (simpatía) por la que todas las partes del universo único conspiran a un fin común, como par­tes de un organismo.

Su teología introduce varias categorías de seres divinos, como los astros, que son intermediarios entre la di­vinidad suprema (el Logos) y el hombre: de aquí la importancia de la astrología y de la adivinación. En la ética, Posidonio abandona el rígido intelectualismo de la escuela y explica las pasiones, no como errores del intelecto, sino como apetitos irracionales. El alma es una (contrapuesta al cuerpo y radicada en el corazón), no subdividida en partes, pero provista de varias «potencias», de las cuales las que son irracionales nos pueden arrastrar a causa de nuestra debi­lidad. A la relación de lo útil con el deber y a la importancia de los bienes exteriores para la felicidad, dedicó su obra Sobre el deber, de la que se sirvió Cicerón. La cos­mología de Posidonio, también reelaboración peri­patética, nos ha sido conservada en parte en el pequeño tratado seudoaristotélico So­bre el mundo. Y de Posidonio deriva el comentario de Calcidio al Timeo (v.) de Platón, que tanto éxito alcanzó en la Edad Media. En el desarrollo del pensamiento filosófico, Posidonio es considerado como introductor, más allá del estrecho ámbito de la Academia, del neo­platonismo.

V. E. Alfieri