Póntico Evagrio

Nació en Ibora, en el Ponto, hacia el 356 y murió en 399. Desde joven se relacionó con San Basilio, quien le or­denó de lector, y San Gregorio Nacianceno, por el cual fue hecho diácono en Constantinopla.

En esta ciudad permaneció durante algún tiempo, incluso tras la partida de Gregorio, y alcanzó en ella gran fama como predicador. Luego se retiró definitivamente (382) a la soledad. Después de una breve estancia en Jerusalén, marchó a Egipto, don­de vivió primeramente en los montes de la Nitria y más tarde en el desierto de las Celdas, cerca de San Macario Egipcio. Ab­sorto en la contemplación, no la abandonaba sino para la paciente labor de amanuense con que se ganaba la vida o la composición de obras de carácter ascético.

Su actividad literaria nos es conocida singularmente a través de versiones (latinas, siríacas y armenias) o bien con otros nombres; en gene­ral, los textos griegos no sobrevivieron a las condenaciones lanzadas contra Evagrio por el V Concilio Ecuménico (Constantinopla, 553) y los sucesivos. Fue, en efecto, un seguidor de Orígenes.

Distingue la vida activa, o práctica, de la contemplativa, o gnóstica. La primera se halla caracterizada por la lucha contra los demonios y las pasiones, que per­siste hasta la consecución de la impasibili­dad (no interpretada por Evagrio, sin embargo, en el sentido estoico de absoluta indiferencia, sino como paz y libertad per­fectas del espíritu); la segunda, vida de conocimiento, posee dos grados: la «gnosis física» y la percepción de Dios, o «teología», comprensión directa e inmediata de la divi­nidad y de los misterios, meramente con­templativa e inaccesible al intelecto discursivo y lógico y, por lo tanto, únicamente perceptible tras el abandono de todo conocimiento de tipo racional, hasta el punto de que la suprema sabiduría puede también definirse «ignorancia infinita».

Poseemos ex­tensos fragmentos de los comentarios a los Proverbios y los Salmos (Evagrio comentó asi­mismo Job y otros libros). Nos quedan tam­bién de nuestro autor: el Antirrético (v.) y El monástico (v.), en sus dos partes «Práctico» y «Gnóstico»; en versión siríaca, sesenta y siete Epístolas (v.), y los dos Espejos para los religiosos de ambos sexos (v. Espejo de los monjes), y un De oratione y un De malignis cogitationibus, atribuidos en cierto tiempo a Nilo de Ancira o Nilo Sinaíta.

Evagrio, sin embargo, prefirió expresarse a través de sentencias: a tal género perte­necen, además de los seiscientos Problemas gnósticos, en siríaco y armenio, dispuestos en seis grupos de cien, pero sin un orden perceptible y dedicados a varios temas dog­máticos y ascéticos, las Sentencias, en grie­go. Su influencia fue enorme.

A. Pincherle