Po Chü-I

(Apelativo honorífico Yao Tien; sobrenombre, Hsiang-Shan). Nació en Hsin- ch’êng (Shensi) en 772 y murió en 846; vivió bajo la gloriosa dinastía T’ang (618-906) y fue uno de los grandes poetas chinos, in­cluso más popular — en su vida — que los grandes Li-Po (v.) y Wang-Wei (v.). En 783 su familia se trasladó a Jung-yang, a veinte millas de Hsin-ch’êng; pero cuando Po tenía diez u once años abandonó tam­bién aquella ciudad y se estableció en Hsia-kuei, pequeño pueblo a orillas del río Wei, distante unas treinta millas de Ch’ang-an, capital del Imperio, Allí vivió en casa de un tío al que su familia le había confiado al partir para el lejano Kiangsu, donde su padre desempeñaba un puesto gubernativo. En el año 800 encontramos a Po mezclado en la vida política de la ca­pital, en la que estableció amistad con el cé­lebre poeta Yüan Chên (779-831), a quien estimó mucho hasta su muerte.

El poeta vi­vía en un período de guerras y de expedi­ciones militares que procuraban prestigio a la dinastía, pero que resultaban dañosas a la economía del país a causa de la miseria de la población. Sensible a los sufrimien­tos de su pueblo, padeció dos veces el des­tierro por sus vivas protestas y por sus enérgicas exhortaciones al emperador para que pusiera fin a las guerras. Fue enviado la primera vez a la lejana Chung-chou; dis­gustado, se retiró entonces «a las fragantes montañas» (Hsiang-shan, de donde recibió su sobrenombre), próximas al país de su destierro, consolándose con las odoríferas flores que allí abundaban. Vuelto a llamar dos años después (819), fue de nuevo desterrado en castigo a sus críticas al empe­rador. Fue después enviado como gober­nador a Hanchow, donde construyó uno de los diques del hermoso lago occidental, toda­vía hoy conocido con el nombre de «dique de Po» («Po Ti»).

En 825 fue como gober­nador a Soochow, donde pasó la vida entre fiestas y orgías, hasta 831, año en que mu­rió su amigo Yüan Chên: desde entonces hasta 841, Po Chū-I se retiró al campo en Lo-yang. En 841 era nombrado presidente del Ministerio de la Guerra y cinco años después moría. Poeta desde la infancia, él mismo cuenta que a los cinco o seis años ya aprendía a hacer versos, y a los nueve «dominaba los tonos y las rimas». Su abun­dantísima producción poética fue muy po­pular: se cuenta que antes de publicar sus versos los leía a una viejecita y los limaba hasta que ésta (es decir, el pueblo) los com­prendía. Por ello, sus versos son de una extraordinaria sencillez. Una pulcritud de forma y una finura psicológica casi horaciana han hecho de él el poeta más pró­ximo al gusto del lector occidental. En su patria, en cambio, fue decayendo su fama después de su muerte, mientras se mantuvo en el Japón, donde fue considerado como una especie de Kami o divinidad sintoísta. Sus versos fueron esculpidos en piedra y fijados en un pardín de Hsiang-shan, que había sido retiro del poeta durante uno de sus destierros.

B. Fedele