Plinio el Joven

(Cayo Plinio Cecilio Segundo). Nació en Novum Comum (Como) en el año 61 ó 62 d. de C. y murió hacia 114. Su padre, que había contraído matrimonio con una hermana de Plinio el Viejo (v.), murió muy pronto y él fue confiado a la educa­ción de su tío, quien lo adoptó en su tes­tamento. Fue fundamental la influencia del padre adoptivo en su formación espiritual, a la que contribuyeron los otros dos maes­tros suyos de Roma, Nicete Sacerdote y M. Fabio Quintiliano (v.). A los diecinueve años inició su brillante carrera de abogado, interrumpida sólo por el servicio militar; estuvo en Siria, en calidad de «tribunus militum», en la «Legio III Gallica». Tam­bién allí, sin embargo, encontró medio de dedicarse a los estudios y frecuentó a los filósofos estoicos Artemidoro y Eufrates. En vista a su ideal de «bonus civis» de la antigua república, se esforzó por recorrer totalmente el «cursus honorum»: «Decemvir stlitibus judicandis», todavía antes del servicio militar, fue cuestor (91-92), tribuno de la plebe (93-94), pretor (95-96), prefecto del erario militar (96-98), prefecto del Te­soro (98-100), cónsul (100), procurador «alvei Tiberis» (100-101) y en fin augur desde 101 hasta su muerte.

Con este último car­go, que le fue concedido por Trajano, había conseguido repetir íntegramente la carrera de su modelo en la vida y en la literatura: Cicerón. Enviado como legado imperial a Bitinia (111-112 ó 112-113), mantuvo enton­ces continua correspondencia con Trajano. Tres veces contrajo matrimonio, pero no tuvo hijos; de su última mujer, Calpurnia Conservamos una viva y amorosa descripción en algunas de sus cartas. Siempre animado por aquella ambición político-literaria, de que dan fe las Epístolas (v.) fundó una biblioteca en Como, a sus expensas. Pero esta ambición se encontraba vinculad a una gran fe en su ideal de honradez y probidad cívica, en nombre de la cual, en su condición de abogado, se esforzó siempre, incluso en los momentos difíciles, en favorecer a los amigos necesitados de ayuda, o en defensa de las leyes del Estado.

Poseyó una sensibilidad moderna en su trato con los esclavos; sensibilidad que también se refleja en el nuevo e insólito modo de admirar el paisaje, la belleza del campo. Sus obras juveniles en verso comprendían también una tragedia en griego, y más tarde compuso endecasílabos a la manera de Catulo (v.). Las obras en prosa estaban constituidas por 16 libros de discursos (sólo se ha conservado el Panegírico a Trajano, v.) y por las famosas Epístolas. El décimo libro de estas últimas es decir, la correspondencia oficial con Trajano, constituye el mejor testimonio de su actividad.

M. Manfredi