Pierre-Ambroise-François Choderlos de Laclos

Nació en Amiens el 18 de octubre de 1741 y murió en Tarento el 5 de septiem­bre de 1803. Ingresado a los dieciocho años en la Escuela de Artillería de La Fére, salió de ella subteniente y alistóse en la brigada colonial, constituida con vistas a una expe­dición a la India y luego, a consecuencia del tratado de París, destinada a Toul. Empe­zaron entonces su actuación en la milicia y los traslados. En 1769 era oficial en Gre­noble; pero el aprecio que despertaban su espíritu y sus aptitudes militares no conse­guía llenar sus ambiciones. Laclos pertenecía a la pequeña nobleza provinciana que bajo el «Ancien Régime» constituía prácticamente el proletariado del ejército, donde los as­censos y los puestos más notables estaban reservados a los oficiales de mejor cuna. En 1775 se hallaba en Besançon, y luego en Valence. El año de su promoción a capitán (1777) fue representada Ernestine, con mú­sica de Saint-Georges y texto suyo; la obra, empero, resultó un fracaso.

Laclos debe su fama solamente a un libro: Las amistades peli­grosas (1782, v.). Compuso, no obstante, otros textos: Poésies fugitives (1783), el tratado L’éducation des femmes (1785), y una Lettre à l’Académie acerca del elogio de Vauban, redactada el mismo año de su boda (1786). Desilusionado, acogió con ale­gría la Revolución. Al servicio del duque de Orleáns desde 1788, llegó a ser uno de los miembros más activos de la facción reunida en torno a Philippe-Egalité e inte­grada por los descontentos y conspiradores del reino, amparados en un aparatoso repu­blicanismo. En 1790 ingresó en el club de los jacobinos; redactó el Journal des Amis de la Constitution y excitó los ánimos en el período inmediatamente anterior a las ma­tanzas del Champ-de-Mars. El 1.° de diciem­bre de 1792 fue nombrado gobernador gene­ral de las posesiones francesas de la India; sin embargo, cuatro meses después conoció la cárcel, luego otra vez la libertad, y, más tarde, un nuevo cautiverio. Hasta fines de 1794 no saldría de Picpus; escribió entonces Causes secretes de la révolution du 9 thermidor (1795), sobre el levantamiento que le había liberado. Secretario general de Hi­potecas, dejó este cargo tras el golpe de estado del 18 brumario.

Durante el Direc­torio fue general de brigada, y mandó por breve tiempo un fantasmagórico ejército de Oriente que debía constituirse en Toulouse, destinado a una expedición a la India. En este aspecto resultó Laclos también un precur­sor: a Bonaparte correspondería la realiza­ción de la aventura de Egipto. Murió mien­tras desempeñaba, en Tarento, el cargo de inspector general de las tropas del sur de Italia. Algunos años antes habíale des­cubierto en un palco de la Scala de Milán un joven subteniente de dragones; aquella noche, mientras sonaban las notas de Cima- rosa, hubo una «transmission de flambeau». El oficial se llamaba Beyle, tenía veinticinco años y era hasta cierto punto un Valmont (v.): algo de este último, ingenuo y tosco, se da en Julien Sorel; y con Lamiel creó Stendhal la única heroína de novela sus­ceptible de recordar a la marquesa de Merteuil (v.). Malraux, quien ha visto en Les liaisons dangereuses una «mitología de la voluntad», considera a Laclos como un «Montesquieu galante». Decía G. B. Shaw que Na­poleón, autor de Le souper de Beaucaire, era un literato fracasado; el destino del escritor que nos ocupa resulta casi una pre­figuración del de Bonaparte, pero con una transposición de términos: conquistador mi­litar frustrado, Laclos, en cambio, tuvo bastante con la composición de un libro para escalar un puesto de primera fila en la literatura.

M. Mohrt