Piero Gobetti

Nació en Turín el 19 de junio de 1901, murió en París el 16 de febrero de 1926. Procedente de una familia pequeño- burguesa, en noviembre de 1918, apenas salido de los estudios medios creaba un pequeño periódico quincenal, Energie nove, que, partiendo del idealismo crociano, se proponía «airear de un modo espiritual ]a sórdida cultura» italiana del momento; bien pronto reunió en torno a él jóvenes ansio­sos de renovación, y no vacilaron en cola­borar en el periódico hombres como Croce y Einaudi.

En 1920 se adhería con sus ami­gos a la «Liga para la renovación demo­crática de la política italiana». Suspendida un año después la publicación de Energie nove, siguieron dos años de recogimiento, de intensa preparación, durante los cuales G. elaboró una concepción política nueva, cuyas líneas imaginó en tiempo de la ocu­pación de. las fábricas de Turín y a cuya formación contribuyeron por un lado la amistad con Gramsci y los comunistas de L’ordine nuovo, por otro los estudios sobre el Risorgimento (de los que debía nacer más tarde un volumen publicado después de su muerte, Resurgimiento sin héroes (v.), y que entonces dieron lugar a su tesis de licenciatura sobre La filosofía política de V. Alfieri), y sobre la revolución rusa (y también estos estudios habían de ser rea­nudados más tarde y resumidos en otra obra póstuma, Paradoja del espíritu ruso, v.).

En febrero de 1922 fundaba el sema­nario La rivoluzione liberóle y lanzaba un Manifestó en el que, después de haber ana­lizado los males de la vida italiana de la época, veía las bases de la renovación en la constitución de dos partidos «revolucio­narios en su coherencia», el partido obre­ro y el partido campesino; y establecía como finalidad concreta de la revista «la prepa­ración de los espíritus libres, capaces de incorporarse, dejando aparte los prejuicios, al momento decisivo de la acción popular». G. y sus amigos reaccionaron contra el nacíente fascismo con activa intransigencia. Inmediatamente comenzaron las persecucio­nes: secuestros, investigaciones, arrestos, apaleamientos; Mussolini escribió de su puño y letra al prefecto de Turín que hi­ciera lo posible por hacer a G. «la vida im­posible».

Éste, mientras tanto, continuaba, incansable, multiplicándose: además de dirigir La rivoluzione liberóle, colaboraba en diarios y revistas con artículos de arte, de literatura, de historia y de filosofía; tomaba a su cargo la crítica teatral del dia­rio comunista de Turín L’ordine nuovo (y en 1923 publicaba estas recensiones suyas con el título El azote teatral, v.); fundaba una casa editorial que con el lema griego: «Ti moi sun douloisin» («¿Qué haremos o qué haré yo con los esclavos?»), había de convertirse a la vuelta de pocos años en tribuna de escritores como Nitti, Sturzo, Salvemini, Einaudi, Rufíini, y creaba en 1924 un semanario literario, II Baretti. La supre­sión, por el régimen fascista, en noviembre de 1925, de Rivoluzione liberóle, así como la desconfianza con que se seguía su acti­vidad editorial, convencieron a G. de que le resultaba imposible continuar en su pa­tria cualquier trabajo eficaz.

Partió, pues, aun contra su voluntad, el 3 de febrero de 1926, a París, donde trataba de fundar una nueva casa editorial y acaso continuar la publicación de Rivoluzione liberóle; pero mientras ponía febrilmente las bases de su nueva actividad, una imprevista crisis pul­monar acabó en pocos días con su escasa resistencia física. Murió en una clínica de la capital francesa.

F. Catalano