Philip Massinger

Nació en 1583 en Sa­lisbury y murió el 16 de marzo de 1640 en Londres, en su casa cercana al Globe Thea­tre; fue enterrado en el cementerio de St. Saviour (Southwark). Hijo de un perso­naje de cierta categoría, miembro del Parlamento y agente secreto de la familia Herbert, estudió en Oxford; sin embargo, abandonó el colegio antes de haber conse­guido título alguno. Durante mucho tiempo vivió una existencia miserable. Estuvo en la cárcel por deudas; la pobreza le acom­pañó hasta la muerte. Según ciertas opinio­nes, la actitud retadora ante la corte le atrajo las antipatías de ésta. Llegó al teatro más bien tarde, y durante un largo período trabajó oscuramente, en colaboración con otros, sobre todo con Fletcher (v.), quien, aun cuando sólo un poco mayor que él, hízole de maestro. Esta labor común duró doce años, y dio lugar a diez obras cuya paternidad nunca reclamó Massinger. Se cree que la misión de éste consistía en la composi­ción de las escenas «preparatorias»; sin embargo, su personalidad más dialéctica y un estilo mejor que el de Fletcher parecen haber influido en todos los textos escritos en colaboración.

The False One (1620) se juzga en buena parte de Massinger Son también fruto de esta labor conjunta Thierry y Theodoret (1617, v.), El cura español (1622, v.) y El bosque de los mendigos (1622). Con Dekker compuso La virgen mártir (1622, v.). Se atribuyen exclusivamente a Massinger treinta y ocho obras, de las que sólo dieciocho han llegado hasta nosotros. Merecen ser citadas particularmente las comedias Una nueva manera de pagar deudas antiguas (1625, v.), La dama ciudadana (1632, v.) y The guar­dián (1633), y las tragedias y los dramas novelescos La dote fatal (cuya representa­ción es anterior a 1620, v.), El duque de Milán (1620, v.), La lucha antinatural (1621, v.), The Bondman (1623), The Rene­gado (1624), El actor romano (anterior a 1626, v.), El gran duque de Florencia (1627, v.), The Picture (1629), The Emperor of the East (1631) y La damisela honrada (1632, v.). Massinger, influido en muchos aspectos por los grandes autores isabelinos, acentuó la ten­dencia abstracta ya presente en Fletcher, para lo cual, empero, no dejó de emplear los mismos elementos teatrales propios de su época.

M. Colombi Guidotti