Paul Natorp

Nació el 24 de enero de 1854 en Dusseldorf y murió el 17 de agosto de 1924 en Marburgo. La vida de Natorp es la típica de un estudioso: aparentemente pobre de acon­tecimientos, oculta una compleja evolución y una debatida problemática interior, de las que trató de derivar de un modo cohe­rente su vida práctica. De 1871 a 1875 estu­dió filología en Berlín y en Bonn, después filosofía en Estrasburgo, bajo la dirección de Ernest Laas. Pero su verdadero maestro fue H. Cohen (v.), en cuya norma le pa­reció reconocer, como él mismo tuvo que confesar, el modelo de la filosofía como ciencia y bajo cuya influencia inició la investigación especulativa, proponiéndose como meta el desarrollo, profundización y rejuvenecimiento del idealismo crítico y como problema esencial la definición del método apropiado, hasta el punto de defi­nirse como «panmetodista».

Licenciado en Filosofía en Marburgo, llegó a ser unos años más tarde profesor en aquella misma Universidad, donde permaneció toda su vida. Dedicó gran parte de su actividad al campo pedagógico, elaborando una original con­cepción de la educación y de la escuela en la que el individuo es considerado exclusi­vamente en función de la sociedad; estas ideas, expresadas cumplidamente en la obra pedagógica fundamental de Natorp, la Pedago­gía social (1899, v.), influirán notablemente en las reformas escolares de su tiempo. Entre los numerosos escritos historicofilosóficos, revela significativamente el plan­teamiento del pensamiento de Natorp el ensayo La teoría de las ideas de Platón (1903, v.), que, quitando a las ideas platónicas todo significado ontológico, las interpreta como principios metódicos valederos para el aná­lisis de los fenómenos. A continuación, en especial, después de la muerte de Cohen, Natorp fue desarrollando cada vez más amplia­mente una filosofía autónoma.

A la exi­gencia especulativa de suministrar una interpretación critico metodológica de las ontologías científicas responden los Funda­mentos lógicos de las ciencias exactas (1910, v.), en los que Natorp intenta una deducción crí­tica de los conceptos cardinales de las cien­cias matemáticas y físicas, caracterizados como puras relaciones lógicas. El sentido de su conexión tradicional con el apriorismo kantiano se precisa en Kant y la escuela de Marburgo [Kant und die marburgen Schulé, 1912], mientras en La filosofía. Sus proble­mas y su problemática (1911, v.) se extiende al análisis de la estructura categorial desde la objetividad científica a la ética y estética, o sea al organismo total de la cultura que es el supuesto de la filosofía, cuya finalidad estriba en poner en claro los principios constitutivos. De este modo, el pensamiento de Natorp se endereza a la otra polaridad esen­cial de todo acto de síntesis espiritual, la subjetividad, y en la Psicología general (1912, v.) contrapone a las ciencias de la objetividad una ciencia dirigida a la resti­tución del momento subjetivo, la psicología, como aquellas capaces de conducir todas las determinaciones a la productividad concreta de la conciencia, concepto que tiende a defi­nirse en sentido metafísico y religioso.

Este sentido religioso se compenetra también con el pensamiento de la absoluta unidad de la realidad, induciendo a Natorp a dar una conso­lidación metafísica a la idea de una ley común de constitución de todo campo de objetividad espiritual, problema que afronta en su obra póstuma, Lecciones sobre la filo­sofía práctica (1925, v.). Los años de la pri­mera Guerra Mundial y de la confusa post­guerra renovaron el interés de Natorp por la es­fera ético social. Confiesa haber escrito los tres libros sobre la guerra y la revolución, La hora de los alemanes [Tag der Deutschen, 1915], La misión mundial de los alemanes [Deutschen Weltberuf, 1919] y el Idealismo social [Sozialidealismus, 1920], como bajo el impulso de una inspiración. La misión mun­dial de Alemania consiste en la socialización de la sociedad, y él la ve solamente posible mediante un programa de educación social de claro signo platónico.

F. Tedeschi Negri