Paul Léautaud

Escritor francés. Nació en París el 18 de enero de 1872, murió en Robinson (Sena) el 22 de febrero de 1956. Aban­donado por su madre, hijo de un hombre sin moral, apuntador en el «Théatre-Français», tuvo una infancia desgraciada que le marcó para toda la vida. Después de obte­ner el certificado de estudios en la escuela municipal de Courbevoie, desde la edad de dieciséis años tuvo que ejercer diversos ofi­cios para ganarse la vida. A partir de 1895 y durante diez años fue escribiente de un abogado. En 1905 trabaja en la oficina de un administrador judicial. Pero en 1895 había entrado en la redacción del Mer­cure de France (v.) y cinco años más tarde diose a conocer con los dos volúmenes de sus Poètes d’aujourd’hui, antología prepa­rada en colaboración con Ad. van Bever (un tercer volumen aparecería en 1930). Fue secretario de redacción del Mercure con los directores Vallette, Fénéon y Rémy de Gourmont.

Su talento de memorialista pudo desarrollarse rápidamente desde su puesto de observación. Pronto alternaría esta acti­vidad con la de cronista dramático. A lo largo de más de treinta años, en efecto, bajo el seudónimo de Maurice Boissard, Léautaud publicó en el Mercure de France (1907- 1921), en la Nouvelle Revue Française (v.) (1922-1924) y en las Nouvelles Littéraires (hasta 1939) críticas que fueron reunidas en libro bajo el título de Théathe de Mau­rice Boissard (2 vols. 1926-43). Tal cons­tancia se explica por el hecho de que el autor no salió jamás de su concha pari­siense. Estas críticas, en las que el cronista prevalece casi siempre sobre el crítico pro­piamente dicho, son de un sabor sin par. Léautaud se reveló además autor de cuentos en Le Petit Ami, y en otros relatos que figu­ran en Pasatiempo (v.). En su obra, abun­dante y pintoresca, el cinismo y la choca­rrería alternan con la emoción. Su estilo es de los más incisivos. Es posible que su fama de escritor quede un día vinculada a su Journal littéraire: sabemos que, ini­ciada en 1893, esta obra, en curso de publi­cación, no ha comenzado a ser conocida por entero hasta después de la muerte del autor.

Su exacerbado inconformismo, la ex­trema edad que alcanzó, su misantropía y los numerosos gatos de que vivía rodeado, han hecho de Léautaud un personaje único en el mundo de las letras francesas. Por una ironía de la suerte, se hizo popular hacia el fin de su vida, gracias a los treinta y ocho Entretiens que sostuvo con Robert Mallet en la Radiodifusión francesa. Léautaud exigió que todo, en estas conversaciones, obedeciera al capricho de una «absoluta improvisa­ción».