Paul Johann Ludwig von Heyse

Nació en Berlín el 15 de marzo de 1830 y murió en Mu­nich el 2 de abril de 1914. Hijo de un lin­güista, estudió en la Universidad de Berlín y se graduó en ella; pero no sintió una ver­dadera y sólida inclinación a la actividad científica. En 1852 marchó a Italia, de don­de llevó temas e impresiones que a menudo habrían de reaparecer en su producción lite­raria. En 1854 llególe a Berlín una invitación de Maximiliano de Baviera para tras­ladarse a Munich, señalándole un estipen­dio que le permitía dedicarse por entero a la literatura. Apuesto, elegante y escritor de fácil inspiración, pero no descuidado, reunió en torno a sí a los representantes de la vida literaria de aquella ciudad, en­tonces uno de los centros culturales más importantes de Alemania. Entre sus amigos figuraron escritores muy superiores a él, como Fontane, Burckhardt, Keller, Storm, Geibel, Hewald, Schffel y otros.

Debe la fama a su eclecticismo y a su capacidad para recoger ecos y reflejos de la litera­tura contemporánea, cuyos contrastes y di­vergencias supo atenuar. En su arte pulido y superficial, pero no frío, y recubierto, sin pesadez ni excesiva solemnidad, con una lograda pátina formal, van a morir las últi­mas corrientes del clasicismo y el roman­ticismo alemanes. Compuso muchísimos cuentos, dramas y novelas; sin embargo, poco de ello ha perdurado, a excepción de algunas novelas cortas (v. Novelas cortas), por la descripción del ambiente natural y humano en el cual se desarrollan; Z’arrabbiata (v.), situada en Italia; Hijos del mun­do (v.), que lo están en los medios cultu­rales y artísticos de Berlín, y En el Paraíso (v.), que describe los de Munich. También escribió Poesías (v.), ricas en colorido y delicados acentos. La ductilidad y el eclec­ticismo favorecieron su actividad de tra­ductor; cuanto tradujo del italiano —Leopardi, Giusti, Foscolo — es todavía hoy dig­no de mención. Junto con H. Kurtz publicó una selección de cuentos alemanes (Deutscher Novellenschatz, 1870-71), y más tarde otra de textos de este mismo género per­tenecientes a varias literaturas extranjeras (Novellenschatz des Auslandes, 1872).

Pre­paró, además, una colección de canciones populares italianas y españolas traducidas al alemán. En 1910 obtuvo el primer Pre­mio Nobel concedido a un escritor de su nacionalidad, único consuelo frente a las polémicas desatadas contra H. por los seguidores del naturalismo, quienes le reprochaban duramente su estancamiento al margen de la evolución estética de los escritores y el público; en realidad, H. debía precisa­mente su fama y su fortuna a la con­descendencia con el gusto de los lectores. Constituyen un documento de la época sus numerosas cartas dirigidas a algunos de sus colegas.

G. V. Amoretti