Paracelso

(Theophrast Bombasí von Honenheim, latinizado Philippus Aureolus Teophrastus Bombastus Paracelsus). Nació en Maria-Einsiedeln (Suiza) el 10 de noviem­bre de 1493 y murió en Salzburgo el 24 de septiembre de 1541. Hijo del médico Wilheim Bombast, se dedicó también él a la Medicina; realizó sus primeras experiencias trabajando en las minas de Schwaz, en el Tirol, donde se entregó también a estudios de química-alquimia en relación con su trabajo. Animado de un fuerte espíritu filantrópico, se dedicó amorosamente a la asistencia de los mineros enfermos, expe­riencia que le permitió obtener una serie de observaciones acerca de las enfermeda­des de los mineros que constituyó uno de los primeros estudios en el campo de las enfermedades laborales. Dejó la mina e inició una vida errabunda que hará de él el tipo de «clericus vagans».

Fue médico militar; estudió también Medicina en varias universidades, especialmente en Ferrara con Niccoló Leoniceno: no parece, sin em­bargo, que obtuviese el doctorado, y por lo menos se le discutió por colegas envidiosos de sus éxitos como profesional y como pro­fesor. En efecto, cuando fue nombrado en 1527, por el consejo municipal de Basilea, médico de aquella ciudad, realizó en la misma unos cursos universitarios, pero no en los locales de la Universidad misma, ya que el claustro de profesores no lo admitió. Por ello, reanudó su incansable peregrina­ción por casi toda Europa, seguido por entusiastas discípulos que compartían tam­bién su desordenada vida de francachelas. Además de su dudosa situación académica, la vida poco respetable desde el punto de vista burgués y la fama de alquimista (su biografía suministró en parte elementos para el Faust de Goethe) le perjudicaban bastante, así como su posición religiosa, de místico neoplatónico, oficialmente católico, pero prácticamente afín a ciertas formas de agustinismo protestante, que le hizo ser mal visto por los partidos religiosos enton­ces en pugna.

A pesar de su vida desorde­nada y errante compuso numerosísimas obras, entre las que recordamos solamente la más célebre, la Obra paramira (v.) y, al lado de ésta, la Obra paragrana (v.). Deci­dido adversario tanto de la filosofía y de la fisiología aristotélicas como de Galeno y del galenismo, opuso a estas formas de medicina «oficial» escolástica una mezcla de fantasías mágico-alquimistas y de auténtico espíritu experimental, que hacen de él, por una parte, el principal representante de aquella forma de seudociencia supersticio­sa, combatida por Bacon, y por otra uno de los precursores de la ciencia moderna. Des­pués de muchas peregrinaciones, encontró finalmente reposo, en 1541, junto al obispo de Salzburgo; pero allí murió el 24 de sep­tiembre de este mismo año.

G. Preti