Pablo Silenciario

Nació hacia el año 500, murió alrededor de 575. Hijo de Ciro, de noble familia griega, floreció en tiempos de Justiniano, en cuya corte desempeñó el cargo de maestro de ceremonias o «silenciario». Su figura histórica se dibuja apenas tras el halo de su poesía, si se prescinde de una alusión del historiador Agatia (V, 9, pági­na 296), que fue amigo suyo y con cuya hija Anicetia se habría casado, según conje­turas modernas. Su primera actividad poé­tica en los ochenta y un epigramas que de él se conservan, dispersos en la Antología Palatina (v.), no se separa demasiado de la tradición literaria pagana, todavía viva en el Bizancio del siglo VI: son los temas eróticos tradicionales del epigrama alejan­drino, y no faltan notas de afectos fami­liares y rasgos mordaces. De mayor alcance es el poema en hexámetros (salvo el pró­logo) Descripción del templo de Santa So­fía (v.), recitado, según se supone, en la Navidad de 562, en ocasión de la reconsa­gración del templo después de la caída de la cúpula y su consiguiente restauración; y junto a él, el pequeño poema Descripción del pulpito del mismo templo.

Como poeta, no tiene Pablo gran vuelo, pero no puede de­cirse que se halle privado de finura y de gracia, cuando capta y expresa los matices de los mármoles y exalta los fulgores de los oros. Pero Pablo muestra además un pro­fundo conocimiento técnico de las artes, por lo que algunos suponen que contribuyó, con Justiniano, a la ordenación de la gran obra arquitectónica a la que dedica sus versos. Su concepción profana aparece es­trechamente unida a la religiosa. Celebra en Justiniano al monarca cristiano, guiado en el arte de gobernar por la divina sabi­duría a la que consagra el mayor templo del mundo. Constantinopla es la nueva Roma, como el Bósforo es la nueva Ausonia. La idea imperial se ilumina a la luz de Cristo, y la nueva Roma supera a la antigua, del mismo modo que Dios está por encima de los ídolos paganos. Ambos poe­mas ofrecen un interés histórico-arqueológico. Se atribuye también a Pablo otro poema didáctico, Termas Pitias, título alusivo a ciertas termas situadas junto a la ciudad de Prusa (actual Brussa, en el Asia Me­nor), que Justiniano embelleció y que Teo­dora visitó en el año 533, cuando Pablo debía ser todavía joven. En realidad, el poema no habla de termas, y mucho menos de las Pitias; es curioso el pasaje en el que se re­suelve una discusión surgida entre los físi­cos sobre las causas del terremoto de 557.

E. Tea