O. Henry

Seudónimo de William Sydney Porter, nació en Greensboro (North Carolina) el 11 de septiembre de 1862, murió en Nueva York el 5 de junio de 1910. Dejó la escue­la a los quince años, y durante un lustro trabajó en la droguería de un tío suyo. En 1882 marchó a Texas, vivió durante dos años en un rancho, aprendió un poco de francés, alemán y español, y comenzó a escribir. En Austin (Texas) trabajó sucesivamente como empleado, contable, dibujante y cajero de banco de 1885 a 1894; se casó e inició su colaboración, con bocetos narrativos, en la Free Press de Detroit. En 1895 se trasladó a Houston (Texas), donde firmaba un ar­tículo diario en el Daily Post. En 1896 reci­bió una citación para presentarse ante un tribunal por el hurto de una pequeña suma de un banco de Austin en el que había estado empleado.

Con toda seguridad, hu­biera sido absuelto fácilmente de la acusa­ción (por estar el banco muy mal adminis­trado) si hubiere regresado a Austin; pero presa de pánico, huyó a Honduras, donde permaneció hasta que en 1898 se enteró de que su mujer había enfermado; volvió, y fue condenado a cinco años de prisión en la penitenciaría federal de Columbus (Ohio), condena reducida después a tres años y tres meses por su buena conducta. Mientras se encontraba en la cárcel publicó algunos relatos con seudónimo y, una vez libertado, se trasladó a Nueva York en 1902, donde escribió numerosos relatos breves inspirados en sus experiencias por la gran ciudad. En diciembre de 1903, el New York World le encargó que escribiera un relato semanal para su edición dominical. A partir de 1904 se hicieron famosos sus cuentos y se publi­caron en uno o dos volúmenes anualmente hasta su muerte; otros cuatro volúmenes aparecieron póstumos.

Recordemos: La lám­para pulimentada (1902, v.), Picaros y reyes (1904, v.), Cuatro millones (1906, v.), La voz de la ciudad (1908, v.), Un negocio, sencillamente [Strictly Busines, 1910], Riña [Sixes and Sevens, 1911], Piedras que rue­dan (1911, v.), Corazón del Oeste (1912, v.), Granujas y vagabundos [Waifs and Strays, 1917], El regalo de los Magos (v. Cuatro millones) y El rescate del Jefe Rojo [The Ranson of Red Chief ] figuran entre sus me­jores y más típicos relatos, con hábiles situaciones trazadas con humorismo muy personal y fina ironía. Los personajes de O. Henry son buenas gentes, sencillas, que se encuentran complicadas en acontecimientos excepcionales determinados, en su mayor parte, por causas accidentales. El lenguaje de O. Henry es el que hablaba la gente de la calle, con algunas palabras de argot. Cedió toda su producción a las revistas y tuvo pocos amigos íntimos, exceptuando sus di­rectores. En 1918, la Society of Arts and Sciences instituyó el premio O. Henry para la mejor narración norteamericana.

L. R. Lind