Nizami de Gangia

Nació en 1140 en Gan­gia, en el Adzerbeidján persa (hoy sovié­tico); murió en el mismo lugar en 1202. Es el más notable representante de la poesía no­velesca persa. Habiendo perdido muy jo­ven a sus padres, vivió con su hermano confiado a los cuidados de un tío, y llevó después una vida tranquila y retirada, de­dicado a la contemplación piadosa y a la obra poética, a la sombra protectora de los Shirwanshah, los príncipes musulmanes lo­cales. Los pocos detalles seguros de su vida se deducen de sus propios versos: así el de sus tres matrimonios y del hijo tenido en uno de ellos, y de la modesta renta de un caserío que le asignó uno de sus seño­res en recompensa a una obra que le había dedicado. Pobre en acontecimientos exte­riores, la vida de Nizami se encuentra total­mente contenida en su obra, ejemplar para el desarrollo ulterior de la poesía caballe­resca persa.

Su «khamsa» o quinteto de poe­mas nos revela los rasgos fundamentales de su cultura, de su gusto y de su arte. La tendencia moralizadora, visible sobre todo en el primer poema, Tesoro de los secretos [Makhzan al-asrar], tiene sólo un leve co­lorido místico y mantiene al poeta al otro lado de la gran corriente de poesía súfica, que precisamente a partir de aquella época había de dominar la literatura y la vida social persas. Los otros cuatro poemas del grupo: Khusrez y Shirin (v.), Leila y Magnün (v.), Heft Peiker (v.) y el Libro de Iscandar (v. Alejandro Magno), más evidentemente narrativos y unitarios, tratan te­mas de origen puramente iranio, o, aunque árabes, fuertemente iranizados; en efecto, a excepción de la pareja beduina de Leila y Magnün, sus héroes aparecen ya todos en el Libro de los reyes (v.) firdusiano, es decir, en la tradición épica nacional: Khusrev y Shirin, Alejandro Magno, Bahrám Gur. Pero, a diferencia de Firdusi, sólo en parte condicionado a su tiempo, y tendente con ánimo nostálgico hacia la edad heroica de la patria, Nizami ve estos héroes con ojos de artista islamizado.

Él es el más perfecto intérprete de la vida caballeresca, refinada y piadosa, del Medievo iranio bajo el signo del Islam (el portavoz de la aristocracia feudal musulmana, como gustan de clasi­ficarlo los orientalistas soviéticos): su obra, sobre estas mismas líneas, pero acentuando sus notas moralizadoras y místicas, será continuada por numerosos poetas áulicos de Persia e India, por Amir Khusrev y por Giami. Y la fisonomía individual, así como la vida práctica del genial y modesto poeta de Gangia, se esfuman detrás del extraor­dinario éxito de su obra, que ha consti­tuido el modelo ejemplar de la épica caba­lleresca persa.

F. Gabrieli