Nikolas Barat’ashvili

Nacido el 15 de diciembre de 1817 en Tiflis y m. en Gangia el 9 de octubre de 1845. Es el representante más ilustre del romanticismo en la litera­tura georgiana.

Se educó en su ciudad natal (1827-35), y en 1832 cayó y rompióse las piernas, una de las cuales no volvió ya a su estado normal y le hizo cojear hasta el fin de sus días. Ello impidióle ingresar en la carrera militar, cual hubiera deseado; por otra parte, sus padres no le permitieron matricularse en la universidad.

Forzado a refugiarse en la administración civil, tra­bajó en Tiflis hasta 1844, año en que fue trasladado a Gangia, lugar lleno de ban­doleros y de clima insano. Enfermó de ma­laria, y pereció a causa de un resfriado con­traído en el curso de una expedición contra los bandidos. Sus dotes poéticas se desarro­llaron pronto y rápidamente: ya en la mis­ma escuela empezó a escribir poesías; no obstante, la mayoría de sus primeras obras se han perdido.

Las composiciones mejores pertenecen a la época de su servicio en Ti­flis; figuran entre ellas Pensamientos a ori­llas del Kur, El pendiente, El niño, Deso­lación del alma, Merani, El espíritu del mal y El destino de Georgia (v.), inspiradas todas en la vida y la naturaleza, que ningún otro poeta georgiano, salvo, posiblemente, Psaveli, sintió con tanta intensidad.

Barat’ashvili in­trodujo en la literatura de su país el gusto romántico de la observación realista y del análisis psicológico. Sin embargo, a pesar de su aversión al sentimentalismo fácil y de su actitud positiva y enérgica respecto de la vida, sus obras respiran pesimismo y mani­fiestan la infelicidad de su existencia, en­tristecida por el dolor y la desilusión; ello resulta singularmente cierto en Merani, que describe el conflicto entre las nobles aspi­raciones del hombre y la realidad.

J. Prado Coelho