Nicholas Patrick Stephen Wiseman

Na­ció en Sevilla el 2 de agosto de 1802 y murió en Londres el 15 de febrero de 1865. Vio la luz en España en el curso de una permanen­cia de sus padres — angloirlandeses — en este país por motivos de negocio. Pronto, em­pero, se trasladó a su patria. Estudió en Ushaw (1810-18) y en el «English College» de Roma. Allí graduóse en Teología (1825), fue ordenado sacerdote (1826) y llegó finalmen­te, al rectorado (1828-40), que dejó sólo para regresar a Inglaterra, siendo ya obispo. Más tarde viose nombrado vicario apostólico del Central District. Wiseman fue un erudito; conoció por lo menos cinco lenguas, mantuvo rela­ción con elementos de la intelectualidad y del clero internacionales en Roma y Londres, y cultivó las ciencias, el arte y la arqueolo­gía. León XII le confió los manuscritos ára­bes de la Biblioteca Vaticana y la cátedra de idiomas orientales de la Universidad romana.

En 1827, todavía muy joven, escri­bió Horae Syriacae, opúsculo acerca de la vida y las costumbres del Próximo Oriente. Predicó a la comunidad inglesa de Roma sobre las relaciones entre ciencia y religión [On The Connexion Between Science and Revealed Religión, 1833), y en 1835-36 pro­nunció en Inglaterra, en la iglesia de Moorsfields y en otras partes, una serie de dis­cursos referentes al catolicismo romano que no pasaron inadvertidos y pudieron ser con­siderados por el cardenal como un triunfo sobre el protestantismo popular. Favoreció mucho el renacimiento católico, hacia el cual orientaba ya también sus fuerzas el mis­mo Nerwman con el célebre «.Oxford movement», el órgano The Dublin Review, fundado por Wiseman en 1836, y en cuyas páginas apareció, entre otros, el notable artículo sobre el cisma donatista (1839) que influiría profundamente en Newman, aún vacilante y en crisis espiritual singularmente respecto de las ideas relacionadas con el desarrollo de la doctrina cristiana.

Wiseman fue nombrado en 1840 rector del «Oscott College», centro del catolicismo inglés; allí, mientras aumen­taba la popularidad del recién consagrado obispo en los medios vaticanos, entre el clero de Oxford y en la opinión pública local, empezó a promover la liberación de la religión católica en Inglaterra, que fue considerada con benevolencia en ultramar, donde se temía por la suerte de las viejas diócesis, y resultó asimismo, empero, causa de no pocas dificultades. Finalmente, lleva­dos los principales representantes del Mo­vimiento de Oxford a las filas del catoli­cismo liberal, gracias a la convicción de la doctrina de Wiseman, se produjo la reacción del viejo cuerpo católico, inquieto por la evo­lución y la estabilidad del propio estado. Ulteriores dificultades ocasionó el breve pontificio que restablecía en Inglaterra la jerarquía diocesana, precisamente al mismo tiempo que era concedido a Wiseman el capelo cardenalicio (1850).

Igualmente algo per­plejo por su parte, el cardenal viose obligado a justificar públicamente esta pretendida «agresión papal» en Appeal to the English People. Poco después (1854) publicó su única novela, Fabiola, o La Iglesia de las catacum­bas (v.), traducida con éxito a diez lenguas, y, posiblemente, uno de los instrumentosmás útiles de la campaña católica en Ingla­terra. En Irlanda, país al cual se dirigió luego y donde fue acogido con entusiasmo, ejerció una intensa influencia sobre los po­líticos católico-liberales a través de sermo­nes, discursos y conferencias (reunidos luego en un volumen) que lograron el estable­cimiento, en el curso de pocos años, de sensibles mejoras para los católicos pobres. Hasta entonces Wiseman había sido un hombre independiente, lo mismo en sus juicios que en las acciones; por ello es todavía más sor­prendente la sumisión que, en los últimos años de su actividad, manifestó respecto del escasamente liberal cardenal Manning, ya mediante la condena de la asociación que pretendía favorecer la unión de la cristian­dad a la cual se inclinaban en 1857 sus simpatías, o bien con la prohibición a los hijos de los católicos del acceso a las Uni­versidades de Oxford y Cambridge.

Las obras de nuestro autor están escritas en un estilo denso, acusadamente cosmopolita y quizás un tanto prolijo, pero que, no obs­tante, refleja su inteligencia abierta y su animada conciencia moral. El pueblo parti­cipó en sus esfuerzos renovadores con una comprensión absoluta de sus motivos, y quiso rendirle un vivo homenaje a su muer­te, acontecida en St. Mary’s Moorsfíelds, con el traslado del féretro al cementerio de Kensal Green. Desde 1907 sus restos descan­san cabe el altar de la nueva catedral de Westminster.

E. Lépore Epifanía