Niccolo Tartaglia

Nació en Brescia en una fecha no conocida exactamente (quizá en 1499) y murió en Venecia el 13 de diciembre de 1557. Una herida recibida en su infan­cia de un soldado francés en el asalto a su ciudad natal le dejó balbuciente para siem­pre; de ahí el sobrenombre Tartaglia. Su verdadero apellido parece haber sido Fon­tana. Según permiten conocer sus obras, vivió en Verona, Mantua y Venecia. El pri­mer texto publicado por el autor en cues­tión fue la Nueva ciencia (1537, v.), primer tratado de balística. En una de las compe­ticiones entre matemáticos propias de la época llegó a la resolución de ecuaciones de tercer grado, entonces desconocida; re­velado el secreto de la misma a Cardano, éste lo dio a conocer en 1545 en su Ars magna (v.). A causa de ello, Tartaglia decidióse a publicar la importante obra Problemas e invenciones varias (1546, v.), cuyos cuatro primeros libros se refieren a la balística y al arte militar, el quinto a la topografía, y los tres siguientes a las fortificaciones y a la estática; muy interesante resulta el no­veno, que trata del álgebra y de la resolu­ción de las ecuaciones de tercer grado y de los problemas correspondientes.

Tartaglia des­taca asimismo en los estudios de Matemá­ticas por su traducción italiana de los Ele­mentos (v.) de Euclides (1543) y por la de De insidentibus aquae de Arquímedes; de esta última obra publicó además un amplio comentario con paráfrasis, que utilizó pos­teriormente en Travagliata inventione, don­de se trata del sistema adecuado para llevar nuevamente a flote las naves hundidas. La obra más extensa del autor que nos ocupa es Tratado general de número y medidas (1556-60, v.), incompleta; vasta enciclope­dia un tanto desordenada, trata, en su pri­mera parte, de la aritmética práctica, de la teórica en la segunda — es notable en ella el desarrollo de las once primeras poten­cias del binomio con el triángulo de los coeficientes—, de la práctica geométrica en la tercera, de la geometría especulativa en la cuarta, de las construcciones geomé­tricas en la quinta, y del álgebra, aun cuan­do no más allá de las ecuaciones de se­gundo grado, en la sexta.

A. Natucci