Nació en Germaniscia (hoy Mar’ash) a finales del siglo IV, murió en Panópolis alrededor de 450. Estudió en Antioquía y fue monje; discípulo, o por lo menos conocedor de la doctrina de Teodoro de Mopsuestia y seguidor de la misma, llegó a patriarca de Constantinopla en 428 y se afanó inmediatamente en conseguir un edicto contra los herejes. A raíz de una controversia sobre los nombres que se daban a la Virgen, cuyo eco llegó a Alejandría, fue atacado Nestorio como hereje por San Cirilo. En Roma llegó a sospecharse que Nestorio favorecía la herejía pelagiana, y, en efecto, los pelagianos no eran aludidos en el decreto imperial antes citado, en tanto que los obispos exilados de Italia habían encontrado acogida entre los antioqueños, a cuya escuela teológica pertenecía Nestorio. Fue condenado en Roma (agosto de 430); ignorando la sentencia romana que Cirilo, encargado de trasladársela, le hizo llegar con retraso, Nestorio había pedido al emperador Teodosio II la convocatoria de un concilio.
Así tuvo lugar el concilio de Éfeso, que Cirilo abrió el 22 de junio de 4?1, sin esperar la llegada del patriarca de Antioquía, Juan, con otros obispos, y de los legados pontificios, y sin tener en cuenta las protestas de muchos obispos y del representante del emperador. Mantúvose de este modo la discordia entre los partidarios de Cirilo y los de Juan; pero Nestorio fue excomulgado y depuesto, y los legados pontificios aprobaron la sentencia. El mismo Nestorio regresó entonces a su monasterio, aunque continuó lamentándose; en 435 confirmó el emperador la deposición, ordenando que los libros de Nestorio fueran destruidos y que el propio Nestorio fuera relegado primero a Petra, después a Egipto, al Gran Oasis, y más tarde a Panópolis, donde murió poco antes del concilio de Calcedonia (451), pero después del «latrocinio de Éfeso» y el Tomus ad Fiavianum del papa San León Magno. Por estas razones, de toda su producción literaria sólo quedaron escasos fragmentos.
Pero en 1910 fue encontrada una obra suya auténtica (a pesar de que contiene quizás algunas interpolaciones), el Libro (o Bazar) de Heráclide, con un fragmento de carta en sirio; son también de Nestorio tres homilías sobre las tentaciones de Jesús, transmitidas entre los escritos espúreos de San Juan Crisóstomo; son apócrifas, por el contrario, varias homilías atribuidas a Nestorio por P. Batiffol. El libro de Nestorio volvió a abrir, sin embargo, la discusión en torno a su doctrina y a su heterodoxia. En sustancia, como se deduce también de cuanto hasta aquí se ha reseñado, Nestorio se encuentra menos alejado de la ortodoxia de lo que se supone generalmente: siguiendo la escuela de Alejandría, quiso afirmar, contra el apolinarismo, que Jesucristo posee una naturaleza humana completa y perfecta; por otra parte, tampoco fue Nestorio un adopcionista, porque reconoció plenamente la divinidad de Cristo.
Pero al no distinguir entre «naturaleza», «esencia», «hipóstasis» y «persona», no captó exactamente el carácter de la unión de las dos naturalezas en la persona única de Jesucristo: esta unión no es, para él, «hipostática», como fue definida en el concilio de Calcedonia, sino solamente moral. Cada una de las dos naturalezas así unidas conserva, según él, la propia «persona natural», y la unión da lugar así a una «persona de la unión» pero más bien ficticia, como si fuera una personalidad jurídica. Por ello, sólo, con muchas limitaciones y reparos se puede hacer, según Nestorio, la que los teólogos llaman «comunicación de los idiomas», es decir, atribuir a una de las naturalezas lo que en rigor sería propio de la otra (como decir, por ejemplo, que «Dios ha sufrido»); y ello también porque a él, educado filosóficamente, le repugnaba llamar a la Virgen «madre de Dios», como si la Divinidad pudiera ser engendrada.
Pero su postura acababa por negar la verdadera unidad de Jesucristo; y en tal sentido debía ser considerada herética. Sin embargo, a pesar del acuerdo concertado entre Cirilo y Juan de Antioquía, las doctrinas de Nestorio fueron aceptadas por los cristianos de Persia; y a través de varias peripecias, el nestorianismo sobrevivió en Asia y aun se difundió en China, donde fue encontrada la célebre inscripción de Si-ngan-fu, de 781, así como entre los mongoles y en la India. Dio, además, origen a una vasta e importante producción literaria. Pero la iglesia nestoriana decayó en el siglo XVI; la mayor parte, aun a través de diversas y complicadas vicisitudes, acabó por aceptar el catolicismo, formando la llamada Iglesia Oriental Unida, también denominada «caldea»; otros nestorianos fueron atraídos por misioneros protestantes enviados por América, o anglicanos, o rusos; algunos pequeños grupos dispersos han sobrevivido, después de las persecuciones originadas tras la primera Guerra Mundial (en Irak, en 1933).
A. Plncherle

