Narcís Oller

Novelista catalán. Nació en Valls (Alto Campo) en 1846, murió en Barce­lona el 27 de julio de 1930. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Barce­lona y más tarde ejerció de procurador de los tribunales. Obtiene un cargo en la Dipu­tación provincial, donde conoce al escritor Bertrán i Riera; éste y los críticos Joan Sarda y Josep Yxart lo alientan y lo intro­ducen en los círculos literarios barcelone­ses de la época. Tras unos ensayos en pro­sa y en verso en lengua castellana, inicia su producción catalana a los treinta años con una colección de narraciones breves, Croquis del natural (1879). El éxito de crí­tica obtenido por este libro decidió a Oller a tentar obras narrativas de mayor aliento. En los Juegos Florales de 1880 le fue pre­miada una novela, Sor Sanxa, y tres años más tarde aparece La Mariposa (1883, v.), obra que fue traducida al francés con un elogioso prólogo de Émile Zola, a quien nuestro autor había conocido en París. Si­guieron las novelas El usurero (v.), Vilaniu, La febre d’or, Pilar Prim, La bogeña, La bofetada (v.). Compuso también una serie de obras escénicas con el título de Teatre d’aficionats. En sus Obres completes en doce volúmenes figuran además cuentos, cuadros de costumbres y paisajes, recuer­dos y traducciones, muchas de ellas apare­cidas en la biblioteca popular de «L’Aveng».

Con Oller se reanuda la tradición novelística catalana, abandonada, si exceptuamos mues­tras esporádicas de poco valor, desde los medievales Tirant lo Blanc y Curial i Güelfa. En La papallona presenta el caso de la joven huérfana seducida por el estudiante despreocupado y voluble. La mujer, aban­donada por su seductor, da a luz un niño, poco tiempo antes de morir. A última hora el estudiante reconoce a su hijo y se casa con la moribunda. Son rasgos relevantes de esta novela la vigorosa caracterización de los dos protagonistas y la intensidad dramáti­ca de algunas escenas. Por el tema, y sobre todo por el hecho de haber sido prologada por el padre del naturalismo francés, esta narración fue inscrita dentro de la nueva escuela: con todo, los críticos observaron que los personajes del catalán carecen del apriorismo determinista que ofrecen los del francés, y siempre se revisten de una cierta idealización moralizadora. Vilaniu (1886), su segunda gran novela, refleja la vida de una ciudad comarcal con sus conflictos de política menuda y sus bajezas morales. En ella, profusión de figuras de segunda fila bien perfiladas se mueven en torno a los protagonistas. Sus valores más notables son el costumbrismo y el ambiente. La febre d’or (1891) es la novela más compleja y acabada de nuestro autor.

Su tema es la ambición desenfrenada de riqueza y vani­dades mundanas que arrastra a una familia barcelonesa, enriquecida con las especula­ciones bursátiles, a la ruina material y moral. Se ha comparado con L’argent de Zola, novela que apareció meses después que La febre d’or. En Pilar Prim (1904), última de sus novelas, el análisis psicoló­gico predomina sobre la observación social y la descripción de ambientes. Es quizá la más romántica de las narraciones de O. Con ella nuestro autor inauguró una nueva téc­nica, que seguramente hubiera perfeccio­nado en obras sucesivas del mismo carácter y que no alcanzó a escribir. Entre las nove­las breves destacan L’escanyapobres [El usu­rero, 1884, v.], sátira realista de la usura y la avaricia, y La bogeria [La locura], de tendencia más moderada, escrita en primera persona; es un estudio de la evolución de un enfermo mental; Otras novelas cortas, cuentos y artículos diríanse otros tantos borradores o bosquejos de posibles obras más extensas y completas.

En resumen, Oller es el gran novelista de su tiempo y de su ciudad, profundo y atento observador de la vida que se desarrolla a su alrededor, de la que extrae un variado repertorio de tipos humanos a los que insufla vida literaria en sus propios ambientes. El estilo, el lenguaje de nuestro autor, se resienten, como era inevitable, del estado de formación en que el escritor encontró a la lengua catalana; por otra parte su realismo le obligaba a re­flejar los vicios del habla común. Con todo, y a pesar de la falta de depuración lin­güística, su prosa es viva y eficaz, sobre todo en las descripciones de paisajes. Des­pués de la revisión que se operó en los textos antes de la publicación de sus Obres completes (1928), las narraciones de Oller, cuyos valores de documento de época y de primera manifestación plena de la novelís­tica moderna en Cataluña son inmarcesibles, resisten hoy perfectamente la lectura. En 1962 aparecieron sus Memorias literarias, documento de gran interés anecdótico, que proyecta viva luz sobre el ambiente literario barcelonés durante el último cuarto del siglo pasado.