Mošé Ibn ‘Ezra

Nació en tomo a 1060 (ó 1070) en Granada, donde murió, tras una vida errante, en 1140. Poeta judío, pertene­ció a una ilustre familia que dio muchos maestros y escritores al hebraísmo hispá­nico. Amó y fue correspondido, a una sobrina, con la cual no pudo casarse; y cantó, en vida de su amada y después de muerta, sus excelencias espirituales y físicas — «vi­ves en mis ojos, vives en mi corazón» —, que describió en su poema de adiós cuando perdió toda esperanza de hacerla suya. Se trata, pues, de un verdadero Tibulo o Pe­trarca de la poesía hebraica, de la cual sigue siendo uno de los más ilustres repre­sentantes por la lozanía y la armonía de sus versos. Con Jehudà Ha-Levi (1080-1140) y Abraham Ibn ‘Ezra’ (1093-1168) integra, efectivamente, la famosa «tríada» que elevó la poesía hebrea de España a un nivel ex­celso.

Con todo, no se limitó a cantar el amor doliente: innovador en la literatura judía, reunió en su Collar [He- ‘Anaq] mil doscientos epigramas y máximas, ricos en imágenes y de una técnica muy feliz, en los que el espíritu inquieto del autor parece aplacarse. La personalidad poética de nues­tro autor queda completada con las compo­siciones líricas de carácter religioso, y sin­gularmente con las Súplicas [Selihóth], que ascienden a más de doscientas y han pasado a ser parte integrante de la liturgia hebrea; en ellas los motivos de la poesía personal de Mošé cobran amplitud, el dolor y el pesi­mismo se convierten en pruebas de la ca­ducidad humana, y los tormentos individual y colectivo desembocan en la fe y en la entrega a Dios: «Soplo de viento es el hom­bre, y un hálito su obra…/Sólo el corazón puro con que haya obrado / le sigue a la tumba, como testigo. / Y, por él, desde el lugar de la pena terrible / Dios le eleva hasta el de la Gracia infinita». Mošé compuso, además, un texto en árabe sobre la poética hebraica, y otro, en la misma lengua, en el que expone su pensamiento filosófico, más bien ecléctico.

R. Elia