Nacido en Chonai, en la Frigia, en 1140; m. en la isla de Ceos en 1220. Fue el último metropolitano de Atenas antes de la conquista franca.
Llegado con su hermano menor, Niceto, a Constantinopla, encontró hábiles maestros en las letras que favorecieron su vocación (los dos Tzetze, Constantino Manassés, Juan Xifilino, que después fue patriarca, y el famoso Eustaquio, luego obispo de Tesalónica). Ordenado sacerdote, permaneció durante muchos años en la curia del Patriarcado, hasta que fue nombrado obispo (entre 1175 y 1182) y destinado a la sede de Atenas.
El nuevo metropolitano de Atenas llegó a su sede con el ánimo lleno de entusiasmo y de reverencia provocada por el glorioso pasado de la ciudad. Pero había de quedar pronto desilusionado. Atenas estaba reducida a una oscura y pobre aldea bizantina, acurrucada a los pies de una roca, la Acrópolis.
Pequeñas y miserables las iglesias, inculta y Casi bárbara la grey de los creyentes. Después de haber expresado en un poema yámbico (Himno a Atenas, v.) la desilusión por el presente y la admiración por el pasado, A. supo superar el desconsuelo y se consagró animosamente a su misión de pastor.
Unas veces era la sequía y la carestía las que abrumaban al país, otras los piratas que infestaban las costas del Atica, en ocasiones los funcionarios públicos que acababan de expoliar a los ciudadanos. Y el obispo se dedica a escribir a amigos poderosos y a su hermano Niceto haciendo ver la lamentable situación de los atenienses.
Y tanto hace, que fue enviado a Atenas un pretor, Nicéforo, que se afanó bastante para remediar los males de la ciudad. Más tarde tuvo ocasión él mismo de ir a Constantino – pía y de defender los intereses de su diócesis en la administración central.
Mostró más adelante que también sabía empuñar la espada en defensa de la ciudad. Mientras los latinos de la cuarta Cruzada amenazaban a Constantinopla, el aventurero León Seguro apareció ante Atenas para ocuparla; pero lo impidió la valerosa resistencia de los atenienses atrincherados en la Acrópolis junto con su pastor (1204).
Al año siguiente, al extenderse la conquista franca por tierras de Bizancio, Atenas fue ocupada por Otón de La Roche, y el buen prelada vio saqueada su biblioteca y profanadas y despojadas las iglesias de sus objetos preciosos. Obligado a alejarse de su sede, el docto metropolitano, después de larga peregrinación, encontró refugio en la isla de Ceos, no lejos de la punta extrema del Ática (cabo Sunnion). Allí, en el convento del Salvador, pasó los últimos años de su vida.
B. Lavagnini

