Miguel Acominato

Nacido en Chonai, en la Frigia, en 1140; m. en la isla de Ceos en 1220. Fue el último metropolitano de Atenas antes de la conquista franca.

Lle­gado con su hermano menor, Niceto, a Constantinopla, encontró hábiles maestros en las letras que favorecieron su vocación (los dos Tzetze, Constantino Manassés, Juan Xifilino, que después fue patriarca, y el famoso Eus­taquio, luego obispo de Tesalónica). Orde­nado sacerdote, permaneció durante mu­chos años en la curia del Patriarcado, hasta que fue nombrado obispo (entre 1175 y 1182) y destinado a la sede de Atenas.

El nuevo metropolitano de Atenas llegó a su sede con el ánimo lleno de entusiasmo y de reverencia provocada por el glorioso pa­sado de la ciudad. Pero había de quedar pronto desilusionado. Atenas estaba reduci­da a una oscura y pobre aldea bizantina, acurrucada a los pies de una roca, la Acró­polis.

Pequeñas y miserables las iglesias, inculta y Casi bárbara la grey de los creyen­tes. Después de haber expresado en un poema yámbico (Himno a Atenas, v.) la des­ilusión por el presente y la admiración por el pasado, A. supo superar el desconsuelo y se consagró animosamente a su misión de pastor.

Unas veces era la sequía y la ca­restía las que abrumaban al país, otras los piratas que infestaban las costas del Atica, en ocasiones los funcionarios públicos que acababan de expoliar a los ciudadanos. Y el obispo se dedica a escribir a amigos pode­rosos y a su hermano Niceto haciendo ver la lamentable situación de los atenienses.

Y tanto hace, que fue enviado a Atenas un pretor, Nicéforo, que se afanó bastante para remediar los males de la ciudad. Más tarde tuvo ocasión él mismo de ir a Constantino – pía y de defender los intereses de su dióce­sis en la administración central.

Mostró más adelante que también sabía empuñar la es­pada en defensa de la ciudad. Mientras los latinos de la cuarta Cruzada amenazaban a Constantinopla, el aventurero León Seguro apareció ante Atenas para ocuparla; pero lo impidió la valerosa resistencia de los ate­nienses atrincherados en la Acrópolis junto con su pastor (1204).

Al año siguiente, al extenderse la conquista franca por tierras de Bizancio, Atenas fue ocupada por Otón de La Roche, y el buen prelada vio saqueada su biblioteca y profanadas y despojadas las iglesias de sus objetos preciosos. Obli­gado a alejarse de su sede, el docto metro­politano, después de larga peregrinación, en­contró refugio en la isla de Ceos, no lejos de la punta extrema del Ática (cabo Sunnion). Allí, en el convento del Salvador, pasó los últimos años de su vida.

B. Lavagnini