Max Scheler

Nació el 22 de agosto de 1874 en Munich y murió el 19 de mayo de 1928 en Francfort. Llevó a cabo los estudios secundarios en un instituto de su ciudad na­tal, y luego frecuentó los cursos de Filoso­fía en las universidades de Berlín, Heidel­berg y Jena, donde en 1899 doctoróse con una tesis acerca de los principios lógicos y éticos. En 1901 publicaba ya un texto notable, Lo trascendental y el método psi­cológico, y al año siguiente ingresó como profesor libre en la Universidad de Jena; en 1907 pasó a la de Munich y de ésta a la de Berlín. Su obra más significativa, El formalismo en la ética y la ética de los valores materiales (v.), aparecida entre 1913 y 1916 en el Jahrbuch de Husserl, muestra una inspiración concreta vinculada a este último autor, con un fenomenologismo ex­tendido al mundo de los valores más pro­piamente humanos.

Durante el primer con­flicto mundial estuvo en Suiza y Holanda; los textos de este período son fruto de sus reflexiones acerca de las cuestiones suge­ridas por la gran tragedia. En 1919 pasó a enseñar en Colonia como profesor extraor­dinario; fue nombrado, también, director del Instituto de Investigaciones sobre Cien­cias Históricas. A esta época se halla vincu­lada la mayor actividad de Scheler. Y así, además de la Crisis de los valores (v.), en la que figuran ensayos publicados ya en 1915 bajo otro título, aparecieron De lo eterno en el hombre (1921, v.), Esencia y formas de la simpatía [Wessen und Formen der Sympathie, 1923] —obra de notable interés a cau­sa del planteamiento de nuevos problemas de carácter filosófico y sociológico, y reve­ladora de una mentalidad aguda y moder­na —-, Las formas del saber y la sociedad (1926, v.), La situación del hombre en el cosmos (1928, v.), Intuición filosófica del mundo [Philosophische Weltanschauung, 1928] y La idea de la paz y el pacifismo [Die Idee des Friedens und der Pazifismus, 1931, póstuma].

En sus últimas obras Scheler ha­bíase alejado de la orientación más estrictamente filosófica y vinculada en particular a Husserl en favor de un campo de inves­tigación más amplio inclinado a los pro­blemas de la civilización y la sociedad mo­dernas; en tales estudios procuró conciliar los principios de su especulación filosófica con las exigencias y necesidades propias del hombre contemporáneo formado a través de las diversas experiencias del progreso científico y de la guerra. Falleció en la plenitud de su actividad de escritor y pro­fesor, a los cincuenta y tres años, cuando ya su pensamiento había penetrado en una nueva fase de crítica y casi de oposición a sus precedentes aptitudes, singularmente en el campo religioso — crisis en parte debida a la desorientación de la posguerra —, y para evitar la cual, sin embargo, siguió lu­chando hasta el fin.

R. Fabietti