Max Nordau

Seudónimo de Max Simon Südfeld, nació en Budapest el 29 de julio de 1849 y murió en París el 22 de enero de 1923. Hijo de un rabino, se licenció en Medicina; pero ya a los catorce años había comenzado a escribir en diarios de Budapest y a conti­nuación colaboró en muchos de los grandes órganos de prensa europeos y americanos. Su más fecundo período literario se inicia en 1880, cuando se traslada a París; su producción comprende ensayos críticos, estudios de sociología y filosofía, narraciones, novelas, comedias y hasta fábulas para ni­ños. Pero las obras a las que está principal­mente vinculada su celebridad son tres: Las mentiras convencionales de nuestra civiliza­ción (1883, v.), Paradojas [Paradoxa, 1885] y Degeneración (1893, v.), en las que lleva a cabo un violento y elocuente ataque con­tra las costumbres y las instituciones de la época, combinando un radicalismo criticó muy especial con la fe en los principios del positivismo.

Gracias a su estilo brillante y a su facilidad como divulgador, estas obras obtuvieron gran eco. Muy apartado del hebraísmo, volvió a él bajo la influencia y a través del mismo proceso que Teodoro Herzl (v.), fundador del sionismo «político», del que fue lugarteniente incansable, conse­jero escuchado y autorizado portavoz. Des­pués de la desaparición de Herzl y la pre­ponderancia en el seno de la organización del sionismo «práctico» de Weizmann, se mantuvo aparte. La guerra de 1914-18 le obligó, al haber continuado siendo ciuda­dano austríaco, a refugiarse en España, donde vivió en la soledad y alejado de la familia durante más de cinco años, y pu­blicó en Barcelona una Historia de la pin­tura española. En 1920, tras una breve es­tancia en Londres, volvió a París, donde murió, amargado por las desventuras y las desilusiones.

R. Elia