Martin Opitz

Nació el 23 de diciembre de 1597 en Bunzlau (Silesia), m. el 20 de agosto de 1639 en Dantzig. Cursó estudios de enseñanza media en Breslau y en Beuthen, y luego pasó a la Universidad de Heidelberg (1619-20), importante centro huma­nista y literario, que se vio obligado a abandonar, sin embargo, a consecuencia de unas relaciones amorosas. Pasó algunos me­ses en Holanda, donde entró en contacto con D. Heinsius, Vossius y otros eruditos holandeses; pasó el invierno en Jutlandia y enseñó en Transilvania (1622-23), regresan­do al fin a su Silesia. A partir de 1626, tomó parte de un modo activo en las luchas polí­ticas y religiosas durante la guerra de los Treinta Años, y a pesar de su credo protes­tante entró al servicio del conde Aníbal von Dohna, que impuso, en nombre del empe­rador, la Contrarreforma en Silesia. En 1628 recibió en Viena un título nobiliario con el nombre de Opitz von Boberfeld; en París, en 1630, estuvo en estrecho contacto con Hugo Grocio (v.).

Después de la expulsión de Dohna, estuvo al servicio, desde 1632, de los duques protestantes Liegnitz y Brieg, y más tarde de los suecos; en 1635 fue a parar a Polonia. Nombrado historiador de la corte polaca (1637), se estableció en Dant­zig, donde murió de peste. Bastante docto para ser incluido entre los eruditos, bastan­te mundano para ser considerado como hombre de sociedad, inteligente, hábil, am­bicioso, pero sin poseer las dotes del genio, tuvo, sin embargo, las cualidades necesarias y suficientes para realizar la finalidad que se había fijado (1617) en su Aristarchus sive de contemptu linguae Teutonicae, y colocar con él la retrasada literatura alemana al nivel de la literatura renacentista europea y fundar una poesía artística nacional: for­muló los principios teóricos de la misma en el Libro de la poesía alemana (1624, v.), que ejecutado sobre la falsilla de Vida, Ronsard, Scalígero, etc., gozó de autoridad durante más de un siglo.

En esta obra enun­ció Opitz sus principios de pureza lingüística, reguló la acentuación, introdujo el verso alejandrino, caracterizó los géneros poéti­cos, trató del uso de la mitología, etc.; añadió a la teoría y a los preceptos abun­dantes ejemplos prácticos reunidos en Poe­sías alemanas [Deutsche Poemata, 1624], Opitz intentó casi todos los géneros: la poesía religiosa con los Salmos [Psalmen, 1624, 1637] y el Cantar de los cantares [Hohes Lied, 1627], el poema épico con Jonás [Jo­nas, 1628], la poesía didáctica (Zlatna, 1623), Poesías consoladoras en la contrariedad de la guerra (1633, v.), Vesuvius (1633); la tra­gedia con Las Troyanas [Die Troerinnen, 1625] y Antígona (1636); el drama pastoril (Daphne, 1627, según el modelo de Rinuccini, y Judith, 1635); la novela, con Argenis (1626) y la Pastoral de la ninfa Hercinia (1630, v.) y en variados géneros líricos, canciones, sonetos, epigramas y poesías de circunstancias.

Se trata de una producción escasamente original: consiste, en general, en traducciones literales o arreglos o imitaciones de modelos latinos, griegos, italia­nos, franceses, holandeses e ingleses, todo con el fin de demostrar a sus contemporá­neos que la lengua alemana también podía ser pulida, elegante y espiritual. Hasta muy entrado el siglo XVIII Opitz fue considerado como indisputado modelo, y todavía se debe reconocer en él al fundador de la nueva poesía alemana y precedente literario indis­pensable de un Goethe, de un Schiller y de un Hölderlin.

R. Alewyn