Nació el 5 de septiembre de 1638 en Saint-Germain-en-Laye y murió en Versalles el 1.° del mismo mes de 1715. Hijo de Luis XIII y Ana de Austria, sucedió a su padre a los cinco años, el 14 de mayo de 1643, bajo la regencia de su madre y el gobierno del cardenal Mazarino. Las impresiones que en su ánimo dejaron las humillaciones y los peligros porque hubo de pasar la corte en tiempos de la Fronda, determinaron en él una inflexible voluntad de hacer personal y absoluto el poder real, que concentró completamente en sí tras la muerte de Mazarino (1661), en un momento en que Francia, victoriosa frente a los Habsburgo de Austria y España, era la potencia continental más fuerte y floreciente, y veía acrecentadas sus posibilidades de expansión gracias al matrimonio del soberano con la infanta española María Teresa.
Mediante una jerarquía de funcionarios propios que desautorizaba a la nobleza feudal — la cual pasó a ser un mero ornamento de la suntuosa corte, que tuvo diversas residencias (el Louvre, St. Germain, Fontainebleau y, desde 1682, Versalles) —, el establecimiento del Consejo de Estado presidido por el propio monarca, una infatigable atención a todos los asuntos, el concurso de geniales ministros como Colbert y Louvois, y el apoyo a la vida intelectual y a una serie de fieles artistas, poetas y pensadores, el rey logró dar a la monarquía un carácter sagrado, de suerte que la persona real se veía objeto de honores casi divinos, en tanto el ceremonial cortesano convertíase en un rito preciso y detallado mantenido por una legión de oficiantes. El soberano, además, se constituía, por encima de las leyes, en árbitro de la vida y los bienes de los súbditos. Permitió, empero, ejercer mucha influencia a las favoritas, Louise de la Vallière, Mme. de Montespan y, singularmente, Françoise d’Aubigné, luego de Maintenon, con la cual contrajo un matrimonio morganático en 1683, poco después de la muerte de la postergada María Teresa y en el momento culminante de su poder.
Con las guerras de devolución (1667-68) y la de Holanda (1672- 78), en efecto, el monarca había logrado extender el territorio francés hasta sus fronteras naturales. Sin embargo, cuando el rey convirtió la hegemonía lograda en dominio brutal, su actitud desencadenó contra Francia una prolongada guerra por parte de la liga de Augsburgo (1686-97), con lo que aquélla perdió casi todas las recientes adquisiciones territoriales; poco después, la pretensión al trono de España del futuro Felipe V, nieto del «Rey Sol» (1700), provocó otra contienda interminable. La influencia de Mme. de Maintenon agravó la intolerancia religiosa, que, con la revocación de los edictos de Nantes y Nîmes y la clausura de Port-Royal, afectó, en los hugonotes y jansenistas, a clases eminentes de la vida económica y cultural. Lutos frecuentes entristecieron la vejez del soberano, quien vio morir al Delfín, al hijo de éste, duque de Borgoña, y al biznieto primogénito, de suerte que la sucesión pasó al tercer hijo del duque y de María Adelaida de Saboya, el futuro Luis XV.
Si bien el esplendor del reinado halagó y fortaleció en Francia el sentimiento nacional y la unidad del país viose favorecida por la fusión de las antiguas provincias, la persistencia de los privilegios, la despótica arbitrariedad, la intolerancia y las continuas guerras impidieron la duradera prosperidad que cabía esperar de tal poderío. Una explosión de alegría pública siguió a la muerte del monarca. Los historiadores democráticos juzgaron severamente su obra, en tanto los nacionalistas siguen exaltando aún al «Rey Sol»; los más ecuánimes creen que, siquiera no uno de los hombres más ilustres del siglo, fue, por lo menos, un gran soberano a causa de su profunda conciencia de la realeza y de la misión que ésta podía entonces desempeñar en la vida nacional. Entre los testimonios más importantes de las vicisitudes del reinado, la persona del monarca y su corte figuran el Diario de la corte de Francia (v.) de Dangeau, las Memorias (v.) de Saint-Simón, las Memorias (v.) del mismo rey y la obra clásica de Voltaire El siglo de Luis XIV (véase).
P. Onnis

