Louis Pasteur

Nació en Dole (Jura) el 27 de diciembre de 1822, murió en Villeneuve l’Etang el 28 de septiembre de 1895. Du­rante su infancia, su padre, que dirigía una pequeña tenería, se había trasladado a Arbois, donde realizó Pasteur sus primeros estudios, demostrando, sin embargo, más vocación por la pintura que por los libros. A pesar de ello, su padre le obligó a cursar estudios secundarios en París y Besançon, donde consiguió el título de bachiller en letras en 1840 y en ciencias en 1842. En este mismo año fue admitido en la École Normale, pero con una baja puntuación, que al año si­guiente mejoró. Estudió Química bajo la dirección de Dumas y Balard, y en 1847 se doctoró en Física y Química.

En estos años comenzó los estudios de Cristalografía que, a través de investigaciones sobre el ácido racémico (1848) y a continuación sobre el paratartárico, le llevaron a formular una teoría sobre la disimetría molecular; creía así haber descubierto una línea de demar­cación entre las sustancias orgánicas elaboradas por seres vivos (con estructura mo­lecular disimétrica) y las preparadas en los laboratorios (con estructura simétrica): concepción, sabemos hoy, errónea, pero que constituyó el punto de partida para estu­dios de gran trascendencia. En 1848 fue nombrado profesor de Física y Química en el Liceo de Dijon, y tres meses des­pués suplente en la cátedra de Química de la Universidad de Estrasburgo, cátedra de la que será titular en 1852, para pasar des­pués (1854-57) a Lille como profesor de Química y decano de la Facultad de Cien­cias. En Estrasburgo había comenzado los estudios sobre las fermentaciones: cultivó un moho, el «penicillum glaucum», en áci­do paratartárico y estableció que su des­arrollo se produce a expensas del ácido tar­tárico destrogiro (v. Memoria sobre la fermentacióin del ácido tartárico).

En Lille (en relación con finalidades prácticas, como serán a continuación casi todas las inves­tigaciones de Pasteur) se ocupa de las fer­mentaciones láctica y acética; a partir de 1857, sostiene contra J. von Liebig, en una serie de publicaciones (v. Memorias sobre la fermentación), que la fermentación está ligada a la vida de las células en fermento, y no a su muerte y consiguiente putrefac­ción. Esto le llevó también a elaborar un sencillísimo método práctico para detener la fermentación del vino. Mientras tanto, Pasteur había pasado a París como director del departamento de ciencias de la École Nór­male (1857-67), y a continuación como titu­lar de la cátedra de Química de la Facul­tad de Ciencias de la Universidad (1867- 75). Allí, en áspera lucha con Plouchet y los fisiólogos teologizantes, desarrolló su gran batalla contra la generación espon­tánea. Arruinó (1861) tales teorías con una serie de investigaciones experimentales, y demostró que los gérmenes de las fermen­taciones se hallan en el polvillo atmosférico (v. Memorias sobre los corpúsculos orga­nizados que existen en la atmósfera).

Tuvo también la intuición primera de la impor­tancia que tal descubrimiento podía tener en medicina. Mientras tanto, en 1861, tam­bién esta vez en polémica con Liebig, des­cubre el «mycoderma aceti» y enseña a los fabricantes de Orleáns un método más económico para hacer vinagre que el que hasta entonces habían seguido. Pero las in­vestigaciones que habrán de darle mayor gloria a Pasteur comienzan en 1865, año en que habiéndose difundido en los alrededores de Alais una grave enfermedad que destruía los gusanos de seda, fue comisionado por el gobierno para que estudiara la enferme­dad y buscara sus posibles remedios. Des­cubrió su causa en un microrganismo y se­ñaló un medio para combatirlo, publicando a continuación los resultados (Études sur les maladies des vers ásoie, 1870). De este modo se iba concretando la intuición con­cebida por él muchos años antes, es decir, que muchas enfermedades eran debidas a infecciones de microrganismos; y se encon­traba ya en estado de enunciar los princi­pios de la patología microbiana.

La guerra civil que se ensañaba en París en 1871 obli­ga a Pasteur a abandonar la ciudad, pero no detuvo sus estudios. En efecto, en Clermont- Ferrand, donde se refugia, los cerveceros del lugar le invitan a proseguir y comple­tar las investigaciones sobre la cerveza (v. Estudios), investigaciones que le llevarán a formular una teoría fisiológica de la fer­mentación, la cual, vivamente discutida por Cl. Bernard, dará origen a una polémica terminada en 1879 con el Examen critique d’un écrit de Cl. Bernard sur la fermenta­tion. Pacificada la ciudad, regresa a París, donde es elegido socio de la Academia de Medicina (1873), se le otorga una pensión vitalicia (1874, aumentada en 1883), se le confiere la Legión de Honor y se le admite en la Academia Francesa (1881). En el año 1877 realiza estudios sobre el carbunco, que aquel año hacía estragos en el ganado: lo­gra cultivar su bacilo e, inoculando su va­cuna, descubre sus virtudes terapéuticas. Teoría que viene así a sancionar y perfec­cionar un método que, siguiendo las huellas de los primeros trabajos de Pasteur, había sido intentado ya parcialmente en Inglaterra por el cirujano Lister (1865).

En 1878 des­cubre el estreptococo piogeno, el agente pa­tológico de la fiebre puerperal. Finalmente, en 1880, se dispone a estudiar la rabia ca­nina y, aunque no logra aislar el microbio, descubre la posibilidad de una cura semipreventiva mediante inoculación (v. Método para prevenir la rabia después de la mordedura). A consecuencia de ello se funda en 1888 el Instituto Pasteur. En 1892, una solemne fiesta en la Sorbona honraba el septuagésimo cumpleaños de Pasteur Pero ya en­tonces se encontraba viejo y enfermo, pues en 1868 había sido atacado de hemiplejía.

G. Preti