Lucífero de Cagliari

Incierta es la fe­cha de nacimiento de este autor, que murió en Cagliari en 370 ó 371. Obispo de esta ciudad, fue uno de los adversarios más duros del arrianismo. La falta de mesura y el menos­precio de la cultura disminuyeron notable­mente el prestigio de su apoyo a la causa atanasiana y le condujeron a graves erro­res. Junto a Eusebio de Vercelli figuró en la misión enviada por el papa Liberio a Constancio en 354 para lograr la convocato­ria de un sínodo destinado a remediar el muy desgraciado de Arlés de 353. Llegóse de esta suerte al de Milán de 355, en el que Lucífero y otros prelados se enfrentaron a Cons­tancio, resuelto a condenar a Atanasio. Nuestro autor, junto con Dionisio de Milán y Eusebio de Vercelli, fue condenado al destierro, y, por espacio de seis años, vivió en Palestina, Siria y la Tebaida.

En 362, luego del edicto de Juliano de 361, apres­tóse a volver a la patria. Precisamente en­tonces, empero, cometió la mayor impruden­cia de su vida: en Antioquía consagró obis­po a Paulino, jefe de los eustacianos, o sea de los antiarrianos más inflexibles, y, con ello, contribuyó a complicar el cisma que dividía a los cristianos de la ciudad. Tres eran las corrientes en pugna: la eustaciana, la de los partidarios del prelado Melecio, sospechoso de arrianismo, y la de los arríanos más rigurosos. No consiguió resolver el cisma el sínodo de Alejandría del mismo año 362, en el que volvieron a la ortodoxia parte de los arríanos y Melecio, a quien no quisieron reconocer los eustacianos, fortalecidos por el apoyo de Lucífero a Paulino. Toda esta confusión fue aumentando a causa de las intemperan­cias rigoristas de nuestro autor, el cual no aceptó las deliberaciones del sínodo de Ale­jandría, abandonó a Atanasio y a la Iglesia y fundó una secta que tuvo cierto éxito du­rante el s. IV.

Las obras de Lucífero — De non conveniendo cum haereticis, De regibus apostaticis, Pro sancto Athanasio, De non parcendo in Deum delinquentibus, Moriendum esse pro Dei Filio (v. Opúsculo contra Arrio) — son todas polémicas, y, escritas desde el destierro, atacan a los herejes y al protector de éstos, Constancio.

M. de Benedetti