Louis-Adolphe Thiers

Nació en Marsella el 15 de abril de 1797 y murió en París el 3 de septiembre de 1877. Graduóse en Derecho en Aix, donde vio premiado un ensayo so­bre Vauvenargues. En 1821 se trasladó a la capital, y empezó a participar en la polí­tica. Durante este primer período publicó una serie de artículos acerca de la obra pictórica de Delacroix. Los excesos reaccio­narios de los monarcas de la Restauración lleváronle a la oposición, en la cual desarro­lló una importante actividad y mantuvo posiciones radicales que luego abandonaría, índice de tal estado de ánimo es su Historia de la Revolución francesa (v.), aparecida en diez tomos entre 1823 y 1827.

El ideal del autor consiste en la veracidad, en «ser lo que son las cosas mismas», criterio que precisamente entonces podía ya ser respe­tado en la narración de acontecimientos que, hasta poco antes, se habían visto sometidos a la deformación por una ardiente pasión política. A la condenación del Terror y de los jacobinos sigue en Thiers una comprensión de la necesidad histórica de ambos elemen­tos, el primero de los cuales fue fruto de las exigencias de la guerra contra el extran­jero y libró a Francia de la invasión enemi­ga. Este juicio, de notable madurez históri­ca, no supone, empero, una justificación de las grandes figuras del Terror, respecto de las cuales el autor no oculta sus simpatías hacia Danton y los girondinos, opuestos a Robespierre y Saint-Just.

Sea como fuere, la His­toria halla su verdadero significado en su tendencia al radicalismo liberal de la Res­tauración. Con el nuevo reinado de Luis Felipe, más de acuerdo con sus ideales po­líticos, Thiers llegó a consejero de Estado, y luego a diputado por Aix. En 1831 se le encargó la subsecretaría de Hacienda, y el año siguiente fue ministro del Interior, cargo que desempeñó hasta 1834. En 1836 ocupó durante algunos meses la presidencia del Consejo, y, poco después, no satisfecho de la evolución gubernamental en un sen­tido opuesto al liberalismo, contribuyó a la caída del gabinete Molé. En 1840 fue de nuevo jefe del gobierno, aun cuando tam­bién, esta vez, sólo por algún tiempo. Muy pronto volvió a la oposición, luchó contra el gabinete Guizot, que le había sucedido, y afirmó ser, siquiera no radical, del «par­tido de la Revolución», o sea del que lle­vara al poder a Luis Felipe de Orleáns.

En 1840 empezó a escribir la Historia del Con­sulado y del Imperio (v.), continuación de la obra anterior; en 1845 publicó algunos tomos de la misma, que no apareció com­pleta hasta 1862. El considerable e inme­diato éxito de la obra debióse en particular al escrupuloso cuidado con que el autor reconstituyó los tiempos y el ambiente de Napoleón, para lo cual acudió con frecuen­cia a quienes habían participado directa­mente en los acontecimientos referidos. Diputado de la Asamblea Constituyente en 1884, llegó a jefe del partido del orden, que, alarmado, intentaba frenar las tendencias socialistas.

Destacó entonces por su oposi­ción al inevitable desarrollo democrático del liberalismo, que le hizo inclinarse ya desde el principio en favor de Luis Bona- parte, quien presentóse como restaurador de los derechos de la antigua clase dirigente, amenazada por la insurrección del pueblo parisiense. Contra las doctrinas del socia­lismo, que juzgaba perturbadoras de la so­ciedad, escribió en 1849 el opúsculo De la propiedad (v.). Luego, enfrentado al des­potismo napoleónico, empezó a combatir contra el mismo; en 1861, empero, luego del golpe de estado, fue expulsado de Fran­cia. Pudo, sin embargo, volver a París ya al año siguiente.

Después de su regreso mantuvo una constante oposición a Napo­león III, actitud que siguió tanto en la polí­tica interior como en la extranjera, en la cual desaprobó el auxilio ofrecido al mo­vimiento italiano de independencia; esto último le enajenó las simpatías de los patrio­tas de Italia, entre quienes figuraba Rug­gero Bonghi (v.), que, en un largo ensayo (publicado nuevamente en Retratos contem­poráneos, v.), reprobó abiertamente la con­ducta política y moral de Thiers En 1870, caído el emperador tras una guerra a la cual se había opuesto, fue encargado de las nego­ciaciones de paz con Prusia; antes, empero, hubo de reprimir la sublevación parisiense de la «.Commune», en la que se confundían los motivos patrióticos y los sociales.

En agosto de 1871 llegó a la presidencia de la República, desde la cual dirigió la gran obra de reconstrucción económica que per­mitió a Francia pagar, mucho tiempo antes del previsto, la indemnización de guerra a Prusia, y librar así el territorio nacional de la ocupación enemiga. En 1873 abandonó el alto cargo, una vez consolidada ya, gracias a su labor, la República, amenazada en el curso de aquel período inicial por los mo­nárquicos. Con las seguridades ofrecidas a los adversarios —las viejas clases nobles y la alta burguesía— respecto de las inten­ciones conservadoras del nuevo gobierno («¡La República será conservadora, o no será») desposeyó a aquéllos del argumento que esgrimían contra el nuevo régimen, o sea el temor a su inevitable evolución de­mocrática y social. Durante los últimos años de su vida se dedicó a la reorganización del partido republicano.

. En agosto de 1871 llegó a la presidencia de la República, desde la cual dirigió la gran obra de reconstrucción económica que per­mitió a Francia pagar, mucho tiempo antes del previsto, la indemnización de guerra a Prusia, y librar así el territorio nacional de la ocupación enemiga. En 1873 abandonó el alto cargo, una vez consolidada ya, gracias a su labor, la República, amenazada en el curso de aquel período inicial por los mo­nárquicos. Con las seguridades ofrecidas a los adversarios —las viejas clases nobles y la alta burguesía— respecto de las inten­ciones conservadoras del nuevo gobierno («¡La República será conservadora, o no será») desposeyó a aquéllos del argumento que esgrimían contra el nuevo régimen, o sea el temor a su inevitable evolución de­mocrática y social. Durante los últimos años de su vida se dedicó a la reorganización del partido republicano.

F. Catalano