Longo el Sofista

Callan las fuentes en torno a la existencia de Longo Inciertas resul­tan su cronología y su patria, y aun su nombre. Con todo, el nombre latino de Longo no es más sorprendente que los de «Celer» o «Niger» de algunos escritores griegos. En cuanto al sobrenombre de «sofista», que pro­bablemente tiene un sentido despectivo, no aparece antes de 1605, y deriva de la con­cepción según la cual la novela erótica sur­gió bajo la influencia de la segunda sofís­tica o desarrollóse precisamente a través de los ejercicios y declamaciones de la escuela. De acuerdo con la hipótesis más corriente, Longo habría nacido en Lesbos: su nombre, en efecto, aparece en una inscripción de Thermes, localidad costera de la isla; por otra parte, los episodios de su obra se hallan situados en Lesbos, territorio del cual de­muestra el autor un conocimiento directo y preciso. Tales argumentos, empero, no re­sultan muy probatorios.

El nombre de Longo se da asimismo en otras regiones de Grecia (en el Ática, por ejemplo), y la deducción de la patria por el ambiente del texto es demasiado simplista. Se ha dicho también que Longo, aun cuando lesbio de origen, pasó a ser esclavo de un romano, quien al eman­ciparle habríale impuesto su nombre; y que debió de componer en Italia su novela Dafnis y Cloe (v.), porque en cierto pasaje de la misma escribe, al referirse a las vides, «en Lesbos siempre bajas…» (II, 1), como oponiéndolas idealmente a las itálicas, col­gadas de los olmos. Longo vivió posiblemente a fines del siglo II d. de C. Su obra se halla, no cronológica, sino artísticamente, en el punto culminante de la evolución de la no­vela griega. Muchos eruditos han visto en este libro sólo un bello ejercicio nacido en el aula de una escuela sofista y en la que la simulada ingenuidad de unos senti­mientos dulzones da pie a una fría aplica­ción de los más sutiles recursos estilísticos; se trataría, pues, del bello ensayo de un sofista que se divierte combinando con maestría aliteraciones, homoteleusis, homofonías y muchas otras astucias retóricas en la estructura binaria o tripartita del perío­do.

Goethe consideraba la novela en cues­tión como una obra maestra «en la que la inteligencia, el arte y el buen gusto alcan­zan su más alto nivel, y ante la cual in­cluso el buen Virgilio hubo de ceder un tanto», y exhortaba a leerla una vez al año «para asimilar y saborear de nuevo la im­presión de su gran belleza»; «el paisaje de Longo, decía Goethe, perfectamente en el estilo de Poussin, aparece, con pocos rasgos, tan nítidamente descrito cual visto desde una altura». El impresionismo pictórico y mu­sical del siglo pasado acudió a la obra de Longo: Corot inspiró muchos de sus cuadros en los episodios, los personajes e incluso los colores de su paisaje, y Ravel, en un famoso ballet sinfónico, interpretó algunos momen­tos de la novela.

M. T. Chianura