Leonhard Euler

Nació en Basilea el 15 de abril de 1707 y murió en San Petersburgo el 7 de septiembre de 1782. Su padre, Paul Euler, pastor protestante conocedor de las Ma­temáticas y amigo del famoso Johann Bernouilli, cuidó personalmente de la forma­ción del joven; como es natural, se interesó de manera particular por la instrucción del hijo en su disciplina predilecta y supo comu­nicarle su viva pasión por la misma.

Luego Euler fue enviado a Basilea para que llevara a cabo estudios universitarios en la Facul­tad local de Teología; allí, además de los cursos de tal materia, siguió los de Matemáticas y perfeccionó sus conocimientos bajo la guía casi paternal de Bemouilli. Conseguido en 1723 el título de profesor tras una disertación sobre las diferencias entre la filosofía cartesiana y la de Newton, se dedicó después de preferencia, por no decir exclusivamente, a las matemáticas puras y aplicadas, y obtuvo en 1727 un premio de la Academia de Ciencias de París destinado a la mejor disertación sobre la construcción de naves.

En Basilea, Euler había trabado fra­ternal amistad con Hermann y Daniel Bernouilli, hijos del gran Johann y que figu­raban asimismo entre los principales mate­máticos de la época. Llamados ambos por Catalina I a la Academia de San Petersburgo, invitaron a su vez en 1730 a Euler, que en 1733 ocupó allí la cátedra de Física. En tal ciudad compuso y publicó una serie de textos que pronto le colocaron en el grupo de los matemáticos europeos más ilustres.

Sin embargo, en 1735 fue víctima de una infección que llevóle al borde de la tumba; y, aun cuando finalmente pudo sanar, per­dió, no obstante, el ojo derecho a causa de un absceso desarrollado en el curso de la enfermedad. A pesar de ello, no disminuyó el ritmo de su labor; así lo atestigua la publicación de una gran obra, la clásica Mecánica, aparecida apenas un año después de tal desgracia y seguida posteriormente de muchos y valiosos textos de geometría analítica, análisis infinitesimal y física ma­temática (v. Obras).

En jimio de 1741 dejó San Petersburgo y dirigióse a Berlín, donde Federico II de Prusia, que le había nom­brado miembro de la Academia de Cien­cias, recibióle con grandes honores. Más tar­de (1744), reorganizada esta entidad, Euler fue colocado al frente de la sección de Ma­temáticas y publicó aquel mismo año una obra clásica sobre Astronomía, Teoría del movimiento de los cometas y de los pla­netas, a la cual seguirían, unos años des­pués, dos famosos tratados, Introducción al análisis infinitesimal (1748, v.) e Institu­ciones de cálculo diferencial (1755), así como varios de Mecánica racional, singu­larmente en relación con el problema (de interés militar) del movimiento de los pro­yectiles.

Unos años antes, la princesa de Anhalt-Dessau, sobrina del rey, había pe­dido a Euler lecciones de Filosofía y Física, reunidas y publicadas en 1755 bajo el título de Cartas a una princesa (v.). No obstante, las condiciones económicas de los académi­cos de Berlín eran muy inferiores a sus títu­los honoríficos. Y así, Euler, sobre quien pesa­ban graves cargas familiares, volvió a Rusia (junio-julio de 1766), donde fue acogido con muchos honores y disfrutó de un buen esti­pendio. Allí, sin embargo, tras una enfer­medad, perdió el ojo que le quedaba.

A pe­sar de la ceguera, prosiguió su labor, en la que destacaron una Théorie complète de la construction et de la manoeuvre des vaisseaux, una Dióptrica y, finalmente, las gran­des Instituciones de cálculo integral (v.), con justicia consideradas su obra maestra. Había contraído matrimonio dos veces : en 1733 con Catalina Gsell y, a la muerte de ésta (1776), con su hermanastra Salomé Gsell; de la primera esposa tuvo trece hi­jos. De temperamento dulce y abierto, fue generoso con los adversarios y fiel a las amistades.

G. Preti