León Hebreo (Yehuda Abrabanel)

Nació en Lisboa en una fecha no conocida con pre­cisión y situada probablemente entre los años 1460 y 1470; imposible resulta una determinación más exacta. Su padre, don Ishaq Abrabanel, era también natural de la misma ciudad (1437); perteneciente a una familia notable e insigne financiero y político, revelóse después teólogo, y fue consejero de Alfonso V hasta la muerte del rey en 1481. Más tarde habría de can­tar León, en una elegía, «crecieron entonces el honor y las riquezas de mi padre»; a ello añadía luego que su progenitor había sido para él maestro y guía en los caminos del saber. De esta suerte llegó León a conocer muy bien la Teología, y estudió Medicina. Al advenimiento de Juan II al trono por­tugués, el padre de León cayó en desgracia. Acusado de complicidad en la conjuración del duque de Braganza, hubo de huir y vio confiscados sus bienes; refugiado en 1483 en España, a donde se le reunieron muy pronto León (1484) y el resto de su familia, allí permanecieron los Abrabanel hasta la expulsión de los judíos (1492). Muy poco sabemos de la estancia de León en territorio español: probablemente debió de ser, junto con su padre, consejero del rey Fernando, pero no, como sostiene cierta hipótesis, mé­dico de la corte. En 1492, llegado el mo­mento del nuevo destierro, el monarca, según parece, habría intentado retenerles mediante la conversión del hijo.

A fines de este año León y su padre desembarcaron en Nápoles; aquél, que «en las casas de estudio» de los cristianos supo «vencer y abatir» en las discusiones a sus adversarios, hallóse entonces en contacto directo con la cultura del humanismo italiano y las corrientes de la nueva ideología platónica, de las que, sin embargo, tenía ya posiblemente conoci­miento. Un tardío testimonio del médico Amado Lusitano dice que en 1568 cierto so­brino de León poseía en Salónica una obra del filósofo perdida, De coeli harmonía, com­puesta, «scholastico stilo» a ruegos del «di­vino» Pico della Mirandola; siquiera no existan documentos referentes a una rela­ción directa entre los dos pensadores, no debe excluirse la posibilidad de contactos epistolares. Durante el período 1495-96, tras la entrada de los franceses en Nápoles, León refugióse en Génova; su padre, en cambio, se dirigió primeramente a Corfú, y luego a Monopolis. Allí debió de unírsele el hijo, que en 1501 estaba con su padre en Barletta, donde ambos recibieron del rey Federico un salvoconducto para trasladarse a Nápoles. Por aquel entonces León escribió su obra maes­tra, los Diálogos de amor (v.); en el tercero de estos diálogos nos dice el autor que está trabajando en la obra en 1502. Luego de una probable estancia en Venecia junto a su padre, volvió a Nápoles y sirvió a Gonzalo de Córdoba; sin embargo, debió de regresar a aquella ciudad cuando el Gran Capitán salió del territorio napolitano.

A partir de 1507 dejamos de poseer ya noticias segu­ras; siquiera algunos documentos posteriores a 1520 hablen, realmente, de cierto «León médico hebreo», el nombre resulta dema­siado común para que permita establecer conjeturas sólidas. En 1535 el primer editor romano de los Diálogos le considera ya muerto («creo… obligarme, caso de que los espectros puedan obligar, maestro León»). Perdido el texto De coeli harmonía, conser­vamos de nuestro autor, además de los Diálogos, cinco poesías hebreas, cuatro de las cuales figuran junto a obras de su padre; la quinta, compuesta en 1504, es la bella Elegía del tiempo (lamento sobre el destino), rica en indicaciones alusivas a su vida y actividades («cantaré a mi creador el cán­tico del amor»»), peregrinaciones y desven­turas («he aquí transcurridos ya veinte años sin que mi caballo ni mis carros hayan podido entregarse al descanso… y yo ni aun en la meditación encuentro la paz»),

E. Garin