Léon Gambetta

Nació el 2 de abril de 1838 en Cahors (Lot), en la Guyena; murió el 31 de diciembre de 1882. De padre italiano, a los veintiún años optó por la ciudadanía francesa. Dotado de exuberante tempera­mento meridional, pero con rara firmeza de voluntad y deslumbradora elocuencia, se impuso ya en París durante sus años de estudiante y en los comienzos de la carrera jurídica, mientras entraba en los círculos de oposición a Napoleón III.

Republicano y diputado por Marsella, no se acercó ni a los viejos republicanos ni a los socialistas, haciendo suyos los principios de la Política radical (v.) de Jules Simón. Combatió la tentativa de salvar al Imperio mediante re­formas liberales; pero consideró la cuestión prusiana desde un punto de vista nacional. Cuando las primeras derrotas en la guerra del 70 dieron la preeminencia a la Izquier­da, al producirse la caída de Napoleón III constituyó un Ministerio de Defensa Nacio­nal, del que asumió la cartera del Interior. Bloqueado París, salió de esta ciudad a bor­do de un globo y llegó a Tours, donde, investido del cargo de Ministro de la Gue­rra, organizó la defensa con una leva en masa inspirada en los recuerdos de 1792, sosteniendo contra Thiers la opinión de la defensa a ultranza incluso después de la caída de Metz.

Pero nada valió su ardor contra la perfecta trabazón prusiana, ni pudo impedir la rendición de París. Tras un bre­ve destierro voluntario en España, volvió a las batallas parlamentarias contra las tenta­tivas de restauración de la monarquía y del poder temporal, contribuyendo con discursos de arrolladora elocuencia (v. Discur­sos y arengas políticas) al restablecimiento definitivo de la República en 1877 y a las reformas que consolidaban el laicismo del Estado y de la instrucción. Llegó así a la presidencia del «Gran Ministerio», pero ante su amenaza de formar un gobierno fuerte independiente del Parlamento, y de revisar la Constitución, sus enemigos se coaligaron contra él y el Gobierno cayó. Convertido en simple diputado, un disparo casual mien­tras manejaba una pistola le hirió en una mano; pocos meses después murió  a con­secuencia de una enfermedad intestinal so­brevenida de un modo inesperado.

D. Onnis