Ko Hung

(Apelativo honorífico, Chih Ch’uan; sobrenombre, Pao P’u Tzu). Nació en Chu-jung (Kiangsu) en torno a 252 y murió hacia el año 333 bajo la dinastía Chin (265- 419). Alquimista y pensador taoísta, cono­ció una juventud muy miserable, de suerte que para poder estudiar hubo de trabajar como leñador. Según se dice, tartamudeaba notablemente, y, poco preocupado por la riqueza y los honores, encerrábase en una morada lejos de la gente, y a veces, para salir de su retiro en el que había perma­necido largo tiempo, debía abrirse camino a través de la crecida maleza que obstruía la entrada.

En 326 obtuvo del ministro Wang Tao una misión oficial. Posteriormente lo­gró hacerse trasladar a Kulu (Kuangtung), donde era fácil adquirir el cinabrio nece­sario para los experimentos de la alquimia. Una vez en posesión de las materias de que precisaba, retiróse al monte Lo-fo, y allí llevó a cabo sus indagaciones acerca de la droga de la inmortalidad, mágico elemento procedente de una falsa interpretación del taoísmo filosófico. Por aquel entonces la teoría y las creencias de la alquimia se hallaban ya muy desarrolladas; sin em­bargo, Ko Hung, con sus investigaciones pre­cisas y sus textos, acabó de ponerlas de moda. «Cuantos ingieran la droga de la in­mortalidad — escribe — verán ennegrecer sus canas, aparecer de nuevo los dientes que les faltan y renovarse el vigor de su cuerpo.

Quien tome esta droga no enveje­cerá ya jamás: de anciano volverá a joven, vivirá para siempre y no conocerá la muer­te.» La leyenda, empero, dice que Ko Hung, aun cuando ya inmortal, abandonó este mundo a los ochenta y un años. Entre sus obras cabe mencionar el Shên Hsien Ch’uan (biografías de los inmortales) y un tratado de alquimia y de magia, el Pao P’u Tzû (v.), cuyo título es el sobrenombre de su autor.

G. Bertuccioli